De Galería, Allegro con Raúl Martínez y Elio Rodríguez

De Galería, Allegro con Raúl Martínez y Elio Rodríguez

Raúl Martínez

Norge Espinosa Mendoza.- No quise esperar más y me fui de galerías, antes de que el turbión del fin de año me lo impidiera. Por eso esta mañana me fui al Centro Wifredo Lam a ver Allegreto cantabile, la muestra que rinde tributo a los 90 años de Raúl Martínez. Ahí está la trayectoria de uno de nuestros mejores pintores, desde las tintas sobre papel de los años 50, hasta las islas abstractas, los collages eróticos y los lienzos acabados de mediados de los 90, antes de que muriese. Ya dije aquí que Raúl nunca llegó a ser un amigo, como sí lo fue Estorino, pero pude verlo hablar con otros pintores y críticos jóvenes, con ese aire de quien no quiere saberse maestro, dispuesto siempre a nuevos hallazgos. La muestra que preparó Corina Matamoros pasa sobre sus cardinales esenciales, y deja el deseo de ver más, cosa que ojalá podamos hacer sin tener que esperar toda una década para alcanzar su centenario. El color, el sentido de la mirada de esos rostros, siempre dirigidos al espectador, el paso y la permanencia de un modelo de un lienzo a otro, la búsqueda de texturas en sus collages y el gozo de una épica que él revistió de flores y frutas (como en La flor de la piña, la obra que más me atrajo de esta muestra) son su sello inconfundible. Raúl Martínez creía en la gente, en las personas, no en la masa difuminada y amorfa. También supo alejarse de sus propios clichés, respecto a los cuales Te doy una canción, la obra de mayores dimensiones y que está ahí como préstamo de la colección del Consejo de Estado, es una curiosa advertencia, al tiempo crítica que celebratoria. También hay fotos suyas, ecos del modo en que nos observó y nos comprendió. Alegra verlo en este paisaje tan suyo, donde no falta, por supuesto, la estrella martiana que le obsesionara tanto.

De Galería, Allegro con Raúl Martínez y Elio Rodríguez

Elio Rodríguez

Me fui luego a Factoría Habana, porque le debía a Elio Rodriguez una visita a su Black Gardens. Elio, tras haber reimaginado en escultura blanda y blanca a La jungla, la mayor obra pictórica cubana del siglo XX, halló en las formas insinuantes de Lam una proyección de sus anhelos que ahora, en Black Gardens, resucita en términos de dibujo y escultura. Las piezas negras que remedan falos y vaginas, con elementos vegetales incluidos, enganchadas en rejas y guardavecinos, hablan del paisaje sexual de una Cuba que transpira deseo en las formas más insospechadas. A esa mezcla de tela, metal, se unen otros materiales que en sus texturas dilatan esos comentarios hacia zonas aún más oscuras del eros. Y no falta el acento político cuando Elio, El Macho, como se hizo llamar en una primera e importante fase de su trayectoria, coloca esas figuras sobre la Estatua de la Libertad, el Arco de Triunfo de París o la torre de la Plaza de la Revolución. Lo que celebro esencialmente en Black Gardens es el gesto de un artista que suma a sus preguntas previas nuevas posibilidades de respuesta sobre sus claves. Elio era uno de esos jóvenes que hablaba con Raúl Martínez, en algunas tardes de la añorada y perdida Casa del Joven Creador. Alegra verlos coincidir, por encima del tiempo y de la pérdida, en una misma Habana, a la que ellos siguen provocando.
Hubiese querido cerrar el trayecto con una visita a la exposición de Marta María Pérez Bravo pero sigue olvidándoseme que La Acacia ya no está junto al Gran Teatro de La Habana. Y tampoco puedo comentar la muestra de Belkys Ayón que se encuentra en el tercer piso de Factoría porque sus veladoras me dijeron que estaba cerrado el espacio (?) Me consuelo pensando que Nkame, la muestra de esa mujer extraordinaria, acaba de ser seleccionada por el New York Times entre lo mejor del arte visto en esa metrópoli en el 2017. Y lamento otras dos cosas cruciales: una, que en ninguno de los sitios había catálogo, ni siquiera una hoja impresa con los datos esenciales acerca de las muestras. Y que en ninguna hubiera nadie: solo una persona y yo coincidimos en el Wifredo Lam. Una pena que una ciudad que puede alegrarse de exposiciones como estas, no las disfrute como merece.

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