Las paradojas de Ezra Pound

Lisandro Otero

Lisandro Otero 

La literatura está llena de figuras contradictorias: traidores a la patria como Pierre Drieu La Rochelle, renegados como John Dos Passos, delincuentes como Jean Genet. Quizás ninguno haya acumulado tantas incompatibilidades y paradojas como Ezra Pound, quien, pese a haber nacido en Idaho, sus largas estancias europeas, su afinidad con el fascismo mussoliniano lo hicieron convertirse en un defensor del absolutismo despótico del fascio italiano. Durante la II Guerra Mundial ocupó un espacio radial en Radio Roma donde atacaba el control financiero de Estados Unidos por los banqueros judíos, entre otros temas agresivos. Se unió decididamente a la maquinaria de guerra publicitaria de un gobierno enemigo. En 1945 fue arrestado por las fuerzas de ocupación norteamericana e internado durante seis meses en un campo de concentración, cerca de Pisa. Entretuvo sus horas de prisión traduciendo Confucio al inglés y escribió su poema Cantos pisanos.

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Ezra Pound

Conducido de vuelta a su país, se le juzgó por traición, pero una comisión médica le declaró inepto mentalmente y en estado de demencia, lo cual evitó castigos más drásticos y se le condenó a pasar doce años de internamiento en el hospital Santa Isabel, en Washington, para orates criminales. Probablemente la comisión médica fue un subterfugio para evitar una drástica condena de quien era ya una de las figuras mayores de las letras estadounidenses.

En 1958 fue liberado de su confinamiento, regresó a Italia y vivió en Venecia hasta 1972. Tras su muerte fue proclamado uno de los más eminentes poetas estadounidenses de todos los tiempos. Durante esos años, las guerras y las prisiones no le silenciaron: nunca dejó de escribir su obra culminante, Los Cantos. Solamente interrumpió su discurso expresivo tras salir de su cárcel médica y a partir de 1960 no escribió más, pero entonces ya andaba por los 75 años. Vivió hasta los 87.

Los Cantos constituyen un largo poema de 800 páginas que mezcla numerosas lecturas y apreciaciones sensibles de diversas mitologías y culturas: griega, china, egipcia, bizantina, ítalorenacentistas y lo une a la obra de los padres fundadores de la nación como Thomas Jefferson y John Adams.

Su primer viaje a Europa lo realizó en 1906, a lo cual siguieron otras dos estancias hasta que se estableció en Venecia en 1908. Su poesía implica un enorme salto desde Walt Whitman, Ford Madox Ford, E.E.Cummings, T.S.Eliot, William Carlos Williams, Wallace Stevens. Excepto al primero, a todos los demás los influyó. En Europa se enamoró de la Roma y la Grecia clásicas y de la civilización china.

Muchos estimaban esta amalgama inextricable como la obra de un insensato extravagante. Otros creen que es una fusión

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apasionante de un súmmun de experiencias sensibles. En su caso es muy difícil separar la pasión política de los acusadores políticos de la reverencia de los seducidos por sus encantos formales.

Un crítico norteamericano dijo que James Joyce y Ezra Pound eran los dos mayores fracasos literarios de los tiempos modernos: Joyce llevo el arte narrativo a un punto de partida y a un callejón sin salida. Lo mismo hizo Pound con la poesía.

Así acude a frases y términos procedentes de otras lenguas, incluso los ideogramas chinos, usa referencias intertextuales y abundan las adaptaciones a Ovidio y Homero, los paralelos con la Divina Comedia en su descenso a los infiernos, la fascinación con el arte renacentista italiano; lo mismo utiliza de caracteres a Francois Villon que al condotiero Segismundo Malatesta.

Esa vasta y compleja obra es un intento de construir un gran poema épico, de apresar en palabras lo que él denominaba como “el cuento de la tribu”, entendiéndose por tal la humanidad.

En alguno de sus versos resumió su vida así: Bajo el techo que se hunde/ el estilista ha hallado refugio/ mal pagado, desconocido/ por fin lejos del mundanal ruido. También se vio como un hedonista a la deriva que dejó de existir, ahogado por sus vulnerabilidades. Pound pareció no haber olvidado nada ni aprendido nada. Al salir de prisión en 1958 fue fotografiado con el brazo en alto, haciendo el saludo fascista.

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