“La intuición cuántica de la creación” de Bruno Rosario C.

Bruno Rosario Candelier puso en circulación su nueva obra ensayística en la Biblioteca Juan Bosch de Funglode junto a Aida Montero, directora de la misma, el escritor Sélvido Candelaria y un público muy interesado. El libro es el resultado de extensos estudios y reflexiones sobre el ámbito de la mecánica, física, mística cuántica y su interdependencia. Lo que el escritor plasma en la obra demuestra una comprensión clara y un entendimiento que le permiten aplicar el conocimiento de estas ciencias al universo de la literatura y revelar una nueva visión que fomente reflexiones e investigaciones.

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De mi parte, atraída por el tópico que justifica el título del texto,me centraré en el abordaje y las formulaciones propuestas en este sentido. Si el lector acepta las premisas que ofrece Bruno Rosario Candelier (2014) podrá entender con claridad la parte conceptual profunda del texto, veamos…

“Todo es energía: la materia tangible, las criaturas vivientes, la lengua

que hablamos, la realidad cósmica y la creación estética. La energía Superior del Universo, subyacente en cuanto existe, fue intuida por los antiguos pensadores presocráticos y los contemplativos de la cultura universal, ya reconocida por los científicos de la física cuántica.”

La siguiente afirmación del autor se apoya y surge de una creencia firme en la premisa previa:

“…Al concepto físico de la energía subatómica llamado ‘quantum’ o cantidad mínima de la energía física en la materia añado el concepto metafísico de la energía espiritual que denomino ‘tantum’, y defino

como presencia mínima de energía divina en la materia, aceptado por teólogos y científicos como parte sustancial de lo viviente”.

Yo conocía el término “singularia tatum” como una palabra que solo se usa en singular y se refiere a una realidad única en el mundo como sería el norte y el sur; o “pluralia tantum” como tijeras, gafas; e incluso al “Tatum Ergo” o últimos dos versos del himno eucarístico de Santo Tomás de Aquino escrito en 1264. Se trata del himno de alabanza a la transubstanciación (conversión del pan y vino en la sangre y cuerpo de Cristo) y a la Trinidad, el canto dice… “Veneremos, pues, inclinados/ tan grande Sacramento/ y la antigua figura ceda el puesto/ al nuevo rito/ la fe supla/ la incapacidad de los sentidos/ Al Padre y al Hijo/ sean dadas alabanza y júbilo/ salud, honor, poder y bendición/ una gloria igual sea dada/ al que del uno y del otro procede./ Amén”.

Y advirtiendo que Rosario Candelier fue seminarista pienso que el nuevo uso que hace de la palabra “tantum”, es decir, la nueva acepción que crea puede tener esos orígenes. Aunque, quizás, no se trate de una germinación religiosa pura sino de recuerdos que ahora surgen renovados por el inconsciente; una asociación intuitiva entre la energía espiritual, energía subatómica, y el concepto energía universal y “unicidad” o lo que sería igual a decir que el autor reconoce “la última realidad” y su manifestación en el ser: El todo como causa de todo, inmerso en el todo.

El escritor nos asevera que los científicos han reconocido la “partícula de Dios” que subyacente en la realidad material del universo y en la energía interior de la conciencia. La famosa frase surgió como título del libro de divulgación científica llamado: “La partícula de Dios: si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?” escrito por el físico ganador del Premio Nobel León M. Lederman y el escritor de ciencias Dick Teresi. Lederman explicó que le puso el apodo «La partícula de Dios» (The God Particle, en inglés) al bosón de Higgs porque era un hallazgo demasiado central para la física de hoy en día, demasiado crucial para nuestra comprensión de la estructura de la materia.

Según los científicos que realizaron el descubrimiento del bosón de Higgs (fuente de la energía de la materia viva o no) tiene espín 0, no posee carga eléctrica y tampoco carga de color; sin embargo, interacciona con todas las partículas del modelo que poseen masa (los quarks, los leptones cargados y los bosones de interacción débil). El bosón es su propia antipartícula y se explica la masa como el resultado de la interacción de las partículas con un campo que permea el vacío. Todas las partículas masivas interaccionan con este campo, y reciben su masa de él. Hasta la década de 1980 ningún experimento tuvo la energía necesaria para comenzar a buscarlo hasta que se construyó el gran colisionador de Hadrones en Suiza en el 2010. Fue construido con el objetivo principal de encontrarlo, medir sus propiedades y confirmar esta piedra angular de la moderna teoría. Analizando estos conocimientos y con el auxilio de su intuición, Bruno Rosario Candelier afirma que…

“La fuerza inherente en nuestro ser también existe en el espacio subatómico de la materia, por tal razón, en el interior del átomo como en el sótano de la conciencia, fluyen unas partículas activas que se mueven como fantasmas en el fuero interior de lo viviente que las corrientes espirituales asignan, no ya a la contingencia de lo posible, sino a la presencia divina en el mundo. Hasta ese nivel de la intuición metafísica, específica, llega el arte literario, que los escritores de la alta creación, como la poesía metafísica y la mística, consignan con la belleza, emoción y hondura.”

El tema de la energía rige el rumbo del texto y muestra su importancia cuando el creador del Movimiento Interiorista manifiesta:

“La energía del lenguaje se manifiesta en la palabra. Ya somos energía, lo que hacemos también es un canal de energía, de tal manera que la palabra entraña un poder creativo porque justamente convoca al saber, puede potenciar la inteligencia y la sensibilidad porque contiene energía….”

Luego, apunta que la palabra, en cuya virtud podemos expresar una sabiduría ya que encarna el sentido de la ciencia y del arte, comprende todos los saberes y revela el valor de lo viviente; encauza el pensamiento y la potencia de la sensibilidad. Sobre el tópico, termina concretando que cuando entramos en comunicación con la cosa… da cuenta de nuestra relación con lo existente.

Todos hemos tenido experiencias donde se manifiesta el poder de la palabra. El “Zohar o El libro del esplendor”, escrito en Castilla en el siglo XIII y atribuido a Rabbí Simeón bar Yojal, expone que “El Verbo”, manifestado en tiempos de la creación de la materia, existía antes bajo la forma de pensamiento. Presenta el “Punto Supremo”, uno de los misterios más secretos, el Infinito, la Nada. Y afirma que el sonido del Verbo fue el principio de la materialización del vacío. Desde entonces El Verbo fue llamado principio, por cuanto fue el origen de toda la creación. El autor de este notable libro asevera que “El Verbo” tomó la forma de los signos del Alfabeto, que emanan todos del “Punto Supremo”. La barra superior o Alef simboliza el misterio del Pensamiento Supremo.

Bruno Rosario Candelier, por su parte, nos habla de tres tipos de energía que aplicamos al acto de la creación: la energía peculiar del individuo, la energía propia de cada realidad y la energía inherente a la lengua. De la última, según el ensayista, se despliega la energía interior de la conciencia que es la energía con la que contamos los seres humanos y esa energía se manifiesta en el lenguaje mediante el poder de la inteligencia cifrado en el Logos. En el Logos (la palabra), según el agudo escritor, se encarna y desarrolla la energía de la conciencia.

Publicado en el periódico dominicano HOY

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