Lorca y Dalí: un amor pintado por la mejor poesía

Lorca y Dalí.

Lorca y Dalí.

Mirtha González Gutierrez.- A Federico García Lorca siempre lo veré como poeta, a pesar de ser considerado uno de los más grandes dramaturgos españoles del siglo XX, pues a sus obras de teatro las distingue, justamente, ese hálito poético que envuelve a los ambientes, al lenguaje y, por supuesto, sus recios personajes.

Ignominiosamente asesinado por el franquismo, su vida fue corta y su obra es enorme, no por su vastedad, sino por su valor literario. Atribuyen su fusilamiento a su homosexualidad y su abierta repulsa por la dictadura. Lo cierto es que segaron su vida de forma atroz, sin razón válida en absoluto, a los 38 años de edad.

Sin dudas una de las facetas de su vida sobre la que más se ha especulado es sobre su relación con Salvador Dalí, pintor y dibujante que fuera una de los máximos exponentes del surrealismo. Se conocieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1922. Después, pasarían juntos tres meses entre Cadaqués, Barcelona y Figueras, durante un permiso que le concedieran a Dalí mientras cumplía su servicio militar. Según se cuenta por algunas fuentes, desde que lo vio en Madrid, Lorca se enamoró de Dalí apasionadamente.

Todo parece indicar que el amor entre ellos no llegó a consumarse, pues el pintor no aceptaba su homosexualidad, pero mantuvieron una relación, fundamentalmente epistolar, en la cual se prometían encontrarse nuevamente, aunque no volvieron a verse. Su epistolario da cuenta del intercambio de opiniones estéticas entre ambos, el testimonio de su ¿afecto? y su indudable afinidad humana y artística.

En lo personal no estoy de acuerdo con las acervas críticas de Dalí hacia la obra de autores contemporáneos y al propio Lorca, en su caso sobre Canciones y Romancero gitano, acusándolo de costumbrista y anquilosado; de seguir los cánones de una literatura decadente, ya que aspiraba a que Lorca se adscribiera al movimiento surrealista, del cual tiene rasgos su Poeta en Nueva York y otras obras vanguardistas como Así que pasen 5 años, El público y Comedia sin título.

Hay quienes hablan de una influencia de Dalí muy fuerte en la obra de Lorca, visible a partir debeso_lorca Poeta en Nueva York y si Federico no influyó en la obra de Dalí, sí aparece en al menos una docena de obras del pintor surrealista. A su vez, el dibujo que hiciera Lorca para el estreno de su Mariana Pineda, titulado El beso, representa los rostros de ambos, fundiéndose en un beso, que aparece al principio de este texto.

Un amor imposible, imaginemos la década del 20 en España, prejuicios infranqueables y me aventuro a pensar que quizás ese amargo recriminar de Dalí hacia la obra de Lorca era provocado no solo por sus propias ideas estéticas del arte y la literatura, apegadas al surrealismo, sino porque sentía la frustración del no atreverse a realizar su amor. Un sentimiento que jamás lo abandonó hasta su muerte.

Las cartas que escribe Dalí a Lorca son elocuentes en el sentimiento que le profesa; Lorca jamás ocultó lo que sentía por Dalí. Fue una gran historia de amor aunque nunca llegara a consumarse. Federico estaba consciente del amor que sentía y Salvador no aceptaba su homosexualidad, se dice que a causa de la severidad de su padre, quien ejercía como notario de Figueras. Su relación se mantuvo hasta 1928, año en que ocurrió un alejamiento entre los dos.

“Dalí había comenzado el servicio militar, pero tiene tres meses de permiso que va a pasar con su amigo Federico entre Figueras, Cadaqués y Barcelona. En este momento llevaban más de un año sin verse y pasaron unos meses en íntima amistad. Se sentían como almas gemelas. Trabajaron juntos en los decorados de una obra de teatro. La influencia era recíproca, la relación muy intensa, y ni ellos mismos imaginaban que ese viaje iba ser el preámbulo de un progresivo distanciamiento entre los dos. Según el pintor, en mayo de 1926 el poeta intentó “estar físicamente con él”, quiso penetrarlo, y aunque Dalí se sentía halagado por el amor de Lorca, no accedió a sus deseos, ya que no se consideraba homosexual, lo que Lorca respetó siempre profundamente”. (*)

Ese es el sentimiento que aparece en el poema que le dedica: “Una rosa en el alto jardín que tú deseas”.Oda a Salvador Dalí. Y la evocación del encuentro aparece en la estrofa que dice: Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,/ eleva escalinatas y oculta caracolas./Las flautas de madera pacifican el aire./Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.

Para después dejar que el poema se refiera a su amado:  ¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada!/ No elogio tu imperfecto pincel adolescente/ ni tu color que ronda la color de tu tiempo,/pero alabo tus ansias de eterno limitado. Y ya sabemos a qué se refiere cuando le llama “eterno limitado, pero de qué forma tan delicada, sin herir, sin quejarse, con la más absoluta comprensión y aceptación de la conducta de su amigo. Hasta que dice entonces: Pero ante todo canto un común pensamiento/ que nos une en las horas oscuras y doradas./No es el Arte la luz que nos ciega los ojos./Es primero el amor, la amistad o la esgrima.

Entonces Dalí, cuya poesía es la pintura, quiere pintar a Lorca encarnando la figura de Sansan sebatian de Lorca Sebastián, patrón de Cadaqués, y le escribe una carta que se ha considerado por su biógrafo más importante, el irlandés Ian Gibson, como la respuesta a la hermosísima oda que le dedicara Federico. Además, le envía la imagen del santo que creó a partir de la foto del poeta. Dice Dalí en su carta que “Se ve claro que mi oficio es pintar, pero, en fin, creo que digo cosas. Deseo ¡mon cheri, una muy larga carta tuya!… En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultara que San Sebastián eres tú!… Pero ahora déjame que use su nombre para firmar. Un gran abrazo de tu San Sebastián”.

A pesar del alejamiento posterior de ambos, la malsana intervención de Buñuel para separar a Salvador Dalí del poeta, llevándoselo a París para hacer su famosa obra surrealista Un perro andaluz, en la que todos, hasta el propio Lorca, reconocieron la alusión a su persona, siguieron pensándose en la distancia y ese intenso sentimiento amoroso entre ellos quedó en sus obras. La admiración que sentían el uno por el otro, una suerte de hechizo que los unía, hizo que en la pintura de Dalí los críticos identifiquen la presencia del poeta al menos en doce obras. Los estudiosos de la poesía lorquiana consideran que sin la confrontación estética entre ellos, las fuertes críticas de Salvador a la poesía de Federico, este no habría escrito Poeta en Nueva York. 

El amor y el arte, en su sentido más elevado y puro, sublimaron la poesía entendida como esencia del sentimiento y actitud ante la vida del poeta granadino y su amado pintor.

(*) Blog “Un viaje imposible”.

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