Los 5 mejores personajes femeninos de la literatura iberoamericana

Elena Poniatowska

Elena Poniatowska

Desde mujeres míticas hasta presencias mundanas, la literatura latinoamericana pulula en personajes femeninos inolvidables.

Está la inquebrantable Úrsula Iguarán, de “Cien Años de Soledad”, o Susana San Juan (una de las escogidas en esta lista) de “Pedro Páramo”. También la escéptica y dura “mujer de Gálvez” en “El Astillero”.

Personajes que, paradójicamente, fueron creados por hombres, como destaca la escritora mexicana Elena Poniatowska.

En la historia de Latinoamérica, “todo es para hombres y sobre hombres, y en general las mujeres se quedan atrás”, sostiene la ganadora del premio Cervantes 2013.

Elena Poniatowska

Image copyrightAP Image captionPoniatowska: “Me gusta escribir sobre mujeres que logran algo por sí mismas”.

“Me gusta escribir sobre mujeres que logran algo por sí mismas. Me impactan, me gusta reflejarlas para que no caigan en el olvido”, le dijo sin embargo Poniatowska a la agencia Efe.

Y, efectivamente, la mexicana ha creado personajes femeninos memorables, perotambién le ha dado nuevo aliento en la ficción a mujeres que realmente existieron, como la fotógrafa Tina Modotti, la pintora y escultora Leonora Carrington o la también Angelina Beloff, primera esposa de Diego Rivera.

Pero, ¿cuáles mujeres de la literatura latinoamericana, propias o extrañas, han dejado huella en ella como escritora?

Se lo preguntamos en ocasión del HayFestivalMéxico@bbcmundo.

Esta es su selección.

Susana San Juan, de “Pedro Páramo”, Juan Rulfo

El amor eterno de Pedro Páramo, la mujer llena de pasión que le resulta inalcanzable, es la primera elección de Elena Poniatowska.

 Susana San Juan, la de la Media Luna, el amor imposible, inalcanzable de Pedro Páramo y quizá también de Juan Rulfo a quien enamoró a través del rechazo”

Susana San Juan es el objeto de los idilios de Pedro Páramo; es la obsesión que lo mueve, la fuerza que terminará precipitándolo todo.

Se conocen desde la infancia, pero se ven separados cuando, a la muerte de la madre de Susana, el padre la lleva fuera de Comala, donde ocurre la historia. Para cuando regresa, lo hace viuda, y enloquecida por la muerte su amor, Florentino.

“Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti”, dice Pedro Páramo.

No importa lo que haga Pedro, no podrá arrancarla de esos recuerdos obsesivos de los que él no forma parte.

Y de los que nunca formará.

La Maga, de “Rayuela”, Julio Cortázar

La segunda elección de la escritora mexicana es la protagonista de “Rayuela”: Lucía, o “La Maga”, ha sido descrita como ese personaje espontáneo, ingenuo, un espejo de libertad en el que muchas han querido mirarse y se siguen mirando.

La Maga de Julio Cortázar, que solía aparece en alguno de los puentes sobre el Sena, que son como brazos para cruzar el río más literario sobre la tierra”

“Yo no me sé expresar”, decía la propia Maga en un pasaje de la célebre obra del escritor argentino. “A lo mejor otras podrían explicarlo mejor, pero yo siempre he sido igual: es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres”.

Célebremente –aunque la involucrada lo negó en varias ocasiones– La Maga está inspirada en un personaje de la vida real: Edith Aron, una joven a la que Cortázar conoció en los años 50 cuando los dos viajaban a Europa por barco desde Buenos Aires.

“(Cuando Cortázar publicó ‘Rayuela’) me envío un ejemplar, pero la dedicatoria me molestó mucho y la arranqué…”, contaba ella en una entrevista con un diario argentino en 2007.

“Decía algo así como que yo era un fantasma que lo perseguía por la Argentina… La lectura me causó mucha impresión”.

Doña Bárbara, de “Doña Bárbara”, Rómulo Gallegos

Doña Bárbara, la joven inocente abusada por hombres salvajes trastocada en indomable terrateniente, que se convierte en una inclemente “devoradora de hombres”, es el tercer personaje femenino fundamental para Poniatowska.

La Doña Bárbara que han vulgarizado todas las actrices que no saben montar a caballo (tampoco en burro) y sin embargo María Felix entronizó y se convirtió en ‘la doña’

O como la describe Gallegos: “Tal era la famosa doña Bárbara: lujuria y superstición, codicia y crueldad, y allá en el fondo del alma sombría, una pequeña cosa pura y dolorosa”… un viejo amor, un sentimiento que verá renacer con el protagonista, Santos Luzardo, y que será su oportunidad de redención.

Inmortalizada, como cuenta la escritora, por decenas de actrices –María Félix la más famosa de ellas– ocupa un lugar indiscutible entre las grandes de la literatura iberoamericana.

Remedios la bella, de “Cien años de Soledad”, Gabriel García Márquez

Esa presencia que trastornaba a los hombres, esa belleza sin igual, pura y elemental –se pasea desnuda por la casa, sin malicia–, y en especial su final mágico, le ganan un puesto en la lista de personajes femeninos iberoamericanos de Elena Poniatowska.

Porque salió volando por la ventana, a diferencia de la lavadora que Gabo vio en la azotea tendiendo una sábana al sol y se quedó para siempre con el jabón en las manos”

Este episodio lo cuenta así Gabriel García Márquez en “Cien años de soledad”

“Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerines y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella”.

De Remedios se dice que tiene poderes de muerte: cuatro hombres mueren en el interno de hacerla suya. García Márquez la describe como un “ser que no es de este mundo”.

Y así asciende, al otro mundo, en cuerpo y alma.

Jesusa Palancares, de “Hasta no verte Jesús mío”, Elena Poniatowska

La que cierra la lista es una creación de la propia Poniatowska.

Jesusa Palancares, la soldadera que decía que ella nada sabía de las artes amorosas y que su marido Pedro Aguilar tenía con qué y lo hacía y ya”

Inspirada en una lavandera que conoció en los años 60, Jesusa Palancares es el rostro de la miseria, de la mujer marginada. Así lo explicó la propia autora “Vida y muerte de Jesusa”:

“De la mano de Jesusa entré en contacto con la pobreza, la de a de veras, la del agua que se recoge en cubetas y se lleva cuidando de no tirarla … la de las gallinas que ponen huevos sin cascarón, ‘nomás la pura tecata’, porque la falta de sol no permite que se calcifiquen. Jesusa pertenece a los millones de hombres y de mujeres que no viven, sobreviven”.