La raya de la vida

La ultima rayita

La ultima rayita

Pablo de Jesús .- Hace unas semanas asistí al sepelio de Angelita, la mujer valiente de los santitos milagrosos que posibilitaron la fuga de mi amigo Emilio desde Cuba y su aventura por el Canal de la Mona hasta la libertad, como describí en mi crónica “Ese olor a salitre”.
Angela Rivas Acosta (August 2, 1937 – October 11, 2015) leo en su lápida, y me quedo pensando en ese pequeño guión que separa el nacimiento de la muerte, resumen de los avatares de una vida sencilla, y anónima más allá de su círculo familiar.
¡Cuánta historia en esa pequeña rayita! Nacer, crecer, reproducirse y morir. La raya de la vida empieza con nuestro primer llanto y termina en un último suspiro. Un compendio de risas, lágrimas, sueños, alegrías, decepciones, triunfos y fracasos.
Se le atribuye a la escritora estadounidense Linda Ellis haberle dado un significado esotérico a este pequeño símbolo gramatical (-), que en inglés se llama Dash y en español Pleca. Signo que sirve al idioma para dividir frases y palabras, pero usado en una biografía o en una lápida de cementerio es la línea de la vida, que empieza con un punto en un lugar, una hora y una historia, y termina en otro punto, otro lugar, otra hora y la misma historia. Esa rayita, en apariencia insignificante, es la suma de todo lo que hicimos, y la resta de lo que dejamos de hacer.
La vida es el concepto más cuestionado y cuestionable de la existencia de un ser humano, y las diferentes instituciones religiosas, filosóficas, sociales y políticas la enfocan desde sus propios fundamentos, concepciones, dogmas y creencias. En otras palabras, cada grupo social tiene su propio significado de la vida.
Nuestra vida no es más que la suma de todas las vidas anteriores, las de nuestra familia y las de todas las personas que vivieron antes que nosotros. Y es una vida recargada con más de 6000 años de mitos, supersticiones y dogmas. Cuando aprendemos a vaciar nuestro closet de toda esa carga que la humanidad nos ha echado encima, entonces encontramos el sentido de la verdadera felicidad.
Creo que todos venimos con una misión en este mundo. Unos a arreglarlo, otros a torcerlo. Estos últimos, siempre están poniéndole comillas a la vida. Su pleca, en ocasiones, está llena de puntos suspensivos.
Nacemos traumados y morimos traumatizados. De niños, somos arrancados del ambiente protector que nuestra madre creó en su vientre. Y de adultos, tememos morir, porque morir es arrancarnos de esa otra placenta que hemos ido creando a imagen y semejanza de nuestros actos, para entrar en un dimensión desconocida.
Las responsabilidades de la vida diaria, la necesidad de rodearnos de cosas superfluas, el dinero, la profesión, el vivir pendiente del mañana y no del presente, afectan la forma como usamos este importante pequeño símbolo. ¿Cuántas veces nos paramos en el camino a preguntarnos: estoy viviendo a plenitud mi dash?
A veces complicamos las cosas añadiéndole un octavo dia a la semana. Se llama CUANDO, y nos condiciona el futuro, amargándonos el presente: “Cuando me pueda ir de Cuba”, “cuando pueda regresar a Cuba”, “cuando me gane la loto”, “cuando baje de peso”, “cuando me case”, “cuando San Juan baje el dedo”. Muletas acomodaticias que condicionan nuestro destino.
¿Qué encerrará mi pleca cuando llegue el momento de sumar mis pequeñeces?, me pregunté. Igual que el de tantos otros, mi dash será una colección de sentimientos, cosas materiales que he ido acumulando por ambición o orgullo, sueños realizados e inconclusos, y hechos comprobados como la fe de mis amigos o el amor de mi familia.
Me conformo sólo con ser un hombre bueno aunque no sabio. Con ayudar a mis hijas a iniciar el duro ascenso de la primera parte de sus plecas, para que sean mejores personas que lo que me tocó ser, mostrándoles las piedras que me hicieron tropezar. No las quiero perfectas, porque yo no lo soy. Y aunque me duele, a veces dejo que lloren sus frustraciones y me callo, porque las risas y el llanto son el mejor remedio para los males del alma.
Pero más importante que la forma en que quiero ser recordado, es la forma en que quiero vivir lo que resta de esa pequeña raya. Desde que descubrí el significado de mi dash, hice cuenta de lo que tengo, lo que tuve, y lo que no tendré, y vi que aún debo miles de caricias y cientos de perdones. Ojalá me alcance el tiempo para sentirme vivo, para saborear el presente de cada trazo de mi dash.
¡Cuántos de nuestros seres queridos que se han ido nos han dejado mensajes en esas plecas! Y no los vemos. Desde donde quiera que habiten ahora, estarán diciendo que desechemos lo superfluo y vivamos a plenitud esos pequeños grandes milagros que la vida nos regala cada día, hasta el último día. Hasta el punto final de nuestro dash.
Angelita se fue, y nos dejó un guión hermoso. Una raya de vida que comenzó en sus montañas de Baracoa y terminó en un cementerio de las colinas de Hollywood.
Lejos de su patria, pero en el corazón de su cubanía, duerme ahora el silencio eterno de los que cambiaron de dimensión. O tal vez reposa a la diestra del Señor, acompañada de sus santitos milagrosos. No lo sé, pero yo, que la conocí en la última parte de la raya de su vida, le agradezco me enseñara a dibujar mi dash libre de comillas.

Pablo de Jesús
Diamond Bar, octubre 30 de 2015

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