¿Dónde deben estar las tribunas?

Ssssshhhh...no es el momento.

Ssssshhhh…no es el momento.

José Luis Rumbaut López .- Esta semana un grupo de amigos y colegas se reunieron, como cada Último Jueves* del mes, y conversaron sobre el tema del día: ¿cómo la prensa de Miami ve a Cuba y cómo la prensa de Cuba ve a Miami? No hubo el debate que algunos esperábamos, pero allí se dijeron muchas cosas que a mi entender marcan el camino que debemos recorrer los que impulsamos la pluralidad y el entendimiento.

Así lo he manifestado en las redes y he tratado de dar difusión a lo que allí se trató. Lo hago porque cada espacio que defienda la tolerancia entre ideas diferentes, la necesidad de ser muchos y de diversas tendencias los que amarren el barco al muelle, me parece imprescindible y merece difusión; se beneficia del escrutinio de la opinión de los demás. Es una manera personal de participar en ese debate y de ampliarlo a quienes se toman el trabajo de leerme allí donde escribo.

Algunos amigos de la red lo han criticado. Es normal decir lo que pensamos, es muy positivo y alentador que no nos quedemos con el dato en la mano evitando la discusión porque se trata de alguien a quien queremos o admiramos, o simplemente respetamos. No estar de acuerdo con las ideas y quedarnos con los elementos que nos hacen discrepar puede ser una manera somera de discriminarnos a nosotros mismos, de segregar la participación donde cada quien tiene de seguro algo que aportar.

Un buen amigo, respetado en los medios de comunicación dentro y fuera de Cuba, fue muy directo: No estoy en contra de esos encuentros, sólo te digo con total sinceridad que no me llamó la atención. Por supuesto, creo en lo hermoso y necesario de lo que dices y anhelas. También aplaudo ese deseo. Pero no estoy seguro de que ese sea el mismo espíritu y la intención de la reunión que vi, ni de varios de sus participantes. La verdad: no sentí nada seductor ni tampoco el sentido lo veo claro. Al menos en esta hora de video. Ya veremos la próxima”.

bla bla blaEstamos en una encrucijada donde no decir lo que pensamos contribuye a la oscuridad de ideas en que nos hemos sumergido, apoya la marginalidad de los que disienten del estatus quo y no ayuda en nada a la colectividad que merece una discusión del presente y sobre todo del futuro de la nación. Agradezco a este amigo, sobre todo porque no coincido con algunas de sus apreciaciones. Y esto nos permite seguir (incluso mejorar, ¿por qué no?) este debate de Último Jueves en Miami.

Abrir las discusiones a un público heterogéneo y diverso como las ideas que se vierten corre siempre el riesgo de que el nivel de discusión baje y las anécdotas y los “comerciales” sobre qué hacemos o no, sobrepasen el límite de lo permitido y nos obligue a apurar un café para evitar el bostezo. Es gaje del oficio de difundir entre mayorías, de habilitar la discusión entre un público que muchas veces no está preparado para el debate o simplemente le gana el efecto de los cinco minutos de gloria frente al micrófono. Pero estas sombras no son suficientes para definir de fallido un esfuerzo como este. Sobre todo si allí se habló con total franqueza de la necesidad de abrir el debate en temas y posiciones, de corroborar las fuentes, de presionar a voceros y responsables sobre la veracidad de lo que se reporta.

El mirar sesgado de muchos medios, los errores de todo tipo que se advierten en la prensa y los estereotipos que alimentamos en nuestros textos solo pueden combatirse con una abierta discusión sobre la vida cotidiana, desmantelando malsanos esfuerzos de quienes lucran con el dolor nacional y sobre todo no están dispuestos a hacer nada, ni siquiera mover la lengua dentro de la boca para mejorar la vida de nuestros coterráneos. A estas alturas seguro quienes me leen saben que el hambre y las necesidades no tienen ideologías ni hay discurso de ningún tipo que los alivie.

Por tanto, entrar en el debate y aportar ideas es un paso inicial para resolver los viejos problemas de la nación. Es comenzar a entender que TODOS debemos participar en las soluciones que nos atañen a todos. No importa si estamos dentro o fuera del país, porque entender que este debate es cosa de los que viven dentro sería dar la razón a quienes intentan restarnos a los que por cualquier razón vivimos en el exterior nuestra condición de cubanos preocupados y ocupados en nuestros problemas comunes.

Las tribunas pueden estar donde menos las esperamos, pero la primera está a nuestro alrededor: en la casa, la oficina, las redes sociales, los periódicos que como este donde me honro escribir, abren sus páginas a todas las corrientes que desde cualquier punto de vista quieran soluciones duraderas para las condiciones del país. Las tribunas donde hay que dar la batalla son todas pero las más importantes son las que tenemos dentro de nuestras cabezas, donde hay que madurar lo que queremos sea el futuro del país.

*Ultimo Jueves es un espacio inicialmente dedicado al debate que la revista Temas tiene en la Habana desde hace años.  La reunión de Miami tiene por objetivo repetir un debate de ideas con alto valor teórico y practico.