¡Ay Doctor!

doctor

Pablo Socorro.- Todo comenzó con un fuerte dolor en la rodilla derecha después de una larga caminata por la playa Isla Verde en Puerto Rico, hace dos años. El primer médico al que fui poco le faltó para cantarme aquella nana conque nos consolaban nuestras madres en la niñez cuando nos raspábamos codos y rodillas: “sana, sana, culito de rana” (he oído otra versión con colita de rana, pero debe ser extranjera). Poco convencido, fui por una segunda opinión a otro facultativo, y tras sacarme casi un litro de sangre, el hombre llegó a la sabía conclusión que mi enfermedad era la famosa “losa”.

-Los años amigos -dijo el doctor, y yo, indignado, le repliqué. -¡Pero doctor, la otra pierna tiene la misma edad y no se queja!

Dos facultativos más tarde, se descubrió que yo padecía de una terrible enfermedad. Incurable, perniciosa, traicionera, y la mayor ofensa que se puede imaginar para un cubano que en su juventud pasó más hambre que un ratón en nave espacial rusa. Un galeno indio con tipo de fakir en cama de agua -y en un inglés de acento bengalí que me hizo recordar a Rabindranath Tagore-, llegó a la conclusión que mi rodilla sufría de la Enfermedad de Reyes y Papas: Gota.

La artritis gotosa es de las primeras enfermedades reconocidas en la historia de la medicina; al parecer fue identificada por los egipcios en el 2460 A.C. Galeno, primer médico de las estrellas que se tenga conocimiento, buscó sin éxito tratamiento para el mal. Hasta que en 1863, Alfred Garrod descubrió que la elevada concentración de ácido úrico en la sangre se deposita en forma de cristales en las articulaciones, y esos son los dolores punzantes que uno siente. De gota sufrieron los miembros de la dinastía Carolingia; además de Pedro de Medici, padre de Lorenzo el Magnífico, llamado El Gotoso, el Rey Sol Luis XIV, el rey Fernando de España, y varios Papas. En cierta forma, me sentí privilegiado de pertenecer a tan distinguido club.

Pero los más traumático del asunto fue renunciar a las carnes rojas, los mariscos, pescados frescos, cerveza, ron y vino. ¿Qué sentido tiene la vida sin un jugoso filete, de vuelta y vuelta, marchando acompañado de un batallón de papas fritas?. ¿Para qué ir de vacaciones a Puerto Rico si no puedo comerme un chillo frito con tostones y tomarme una helada Medalla light en el puesto de Manolo en Fajardo? ¿O de un tostón relleno de ropa vieja en el Eighty20 Bistro de la calle Tartak en San Juan? ¿Privarme de la langosta y la mariscada que disfruto en el brunch de los domingos con mi amigo Emilio y su familia? ¿Cómo renunciar a ese Rioja o a ese coñacito Cardenal Mendoza que me salva en las noches de luna llena, cuando el frio en California pela por igual a todos los mortales?

Un año estuve penando a dieta blanda, verde y sin sal, al punto que la muelas se declararon en huelga y casi abandonan el cuartel, mientras los músculos del esfínter perdieron el tono al no tener nada que pujar. Ya estaba al nivel de mi colega Gustavo Borges, un vegetariano de hueso colorado, capaz de correr el maratón de 42 kms dos veces al mes, y seguir tan campante como una lechuga, o un taco de vegetales. Pero el maldito dolor de la rodilla nunca se fue del todo, al tiempo que comenzó a formarse un bulto preocupante detrás de la articulación. Hasta que en los Panamericanos de Toronto, en julio último, se desencadenó la crísis. La rodilla se inflamó como un jamón español y por ahí andaba yo arrastrando la pata, envidiando a aquellos jóvenes atletas con extremidades veloces, flexibles y fuertes, como alguna vez fueron las mías.

No quise ir al médico en Canadá porque me dije que “lo mismo da Juana que su hermana”. La medicina en Norteamerica es un negocio, y no el sacerdocio que todos suponemos. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de los facultativos y compañías de seguro te ven como un billete verde en dos patas. Si no, pregúntenle a Michael Jackson, Whitney Houston, Elvis Presley y Marilyn Monroe. Y esos son los conocidos. El Institute of Medicine of the National Academie informa que alrededor de 98.000 estadounidenses mueren cada año debido a mala praxis médica, una cifra mayor que las personas que mueren en todo tipo de accidentes automovilísticos en el país.

De regreso a Los Angeles, renuncié a ver al fakir y por consejo de un amigo cambié de médico y de clínica y me fui a un ortopeda. Un hombre relativamente joven, perpicaz, y demasiado buena gente para ser un médico americano. Lo primero que hizo fue ordenar un escán computarizado a mi jamonizada rodilla. Casi una hora estuve metido en un tubo metálico que hacía un ruido parecido al de Belcebús martillando las calderas del infierno. Les hago una confesión: he sido el único tipo que se ha quedado dormido en el somatón. Según el enfermero, hasta ronqué.

-Amigo, usted no tener gota. Usted tener chuecas las meniscus -aseguró el ortopeda, en un español aprendido durante sus vacaciones en Tijuana, tras ver los resultados del somatón.

-Pero dóctor ¿y esa bola detrás de la rodilla? -pregunté-. Me duele como carajo.

-Eso ser un liquid cyst (quiste de sustancias acuosas). Ser causa de tus dolores al comprimir vena- respondió el orto.

-Pero no preocupar, no ser malito el cyst. Yo quitar en la surgery de las meniscus- añadió el doctor, y respiré aliviado de que al fin alguien descubriera por donde le entraba el agua al coco de mis males.

Así las cosas, todo quedó arreglado para la operación la próxima semana. Y para cerrar esta crónica, lo haré en las palabras de alguien que pasó por ésto antes que yo, cuando se partió la rodilla en mil pedazos luego que un escalón imperialista le pusiera una zancadilla en Santa Clara. La medicina, y los tecitos de moringa, casi le han vuelto inmortal: “En la situación específica de Cuba, debido a los planes del imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de estado que no puede estar divulgándose constantemente; y los compatriotas deben comprender eso”.

Más información se estará dando al pueblo según evolucione el paciente.

Pablo de Jesús

brunch: neologismo a partir de la unión de breakfast (desayuno) y lunch(almuerzo) consiste en una comida realizada por la mañana entre el desayuno y el almuerzo.

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