Entre bulla y letras hirientes

Entre bulla y letras hirientes

Entre bulla y letras hirientes

José Luis Rumbaut.- El 5 de junio de 1958, seis meses antes de entrar en Santiago de Cuba y triunfar la Revolución, Fidel Castro escribió una nota premonitoria a su ayudante Celia Sánchez que es tal vez el documento más significativo de la historia del último medio siglo para Cuba. Mientras veía caer bombas de aviones norteamericanos, escribió: “…me he jurado que los [norte]americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ése va a ser mi destino verdadero”.

Y así ha sido en todo este tiempo. Una guerra sobrada en pulseos y bravuconadas, en intentos de desestabilizar y en válvulas para bajar presión. Desde la invasión foránea hasta un conato de guerra mundial. De país perdido en la entrada del Golfo de México, a participante de cuanta escaramuza libertaria se diera en el tercer mundo, ya sea asiático, latinoamericano o africano, Cuba fue la espina atravesada en la garganta yanqui y Fidel Castro tal vez su mayor transgresor.

Y esta carta, sin dudas, muestra la continuidad ideológica (casi religiosa diría yo) de una misión que a punto de cumplir 90 años. Lo ha hecho con la misma honestidad con que Barack Obama dijo en el Gran Teatro Alicia Alonso que sus objetivos siguen en pie: cambio de régimen, democracia a la gringa y buena vecindad. Algo cambió en ambos lados. El comandante solo escribe y los suplentes le permiten al enemigo de toda la vida que hable en casa.

Estoy seguro que la visita de Obama superó algunas expectativas dentro de la esfera del Gobierno, pero no sé cuáles. El habitual secretismo y la falta de prensa transparente  dentro del sistema no permitieron en ningún momento conocer las interioridades de lo que esperaba Palacio, pero es claro que esta visita formaba parte del nuevo panorama que el Gobierno de Raúl Castro está empeñado en dejar a las nuevas generaciones que luego de 2018 (que esta a la vuelta de la esquina en política) deben llegar al poder.

Creo que esta perspectiva se perdió en algún momento, y lo que pudo ser un buen empujón para los casi desconocidos sucesores pasó a ser una serie de memes en las redes sociales. Si para todos está bastante claro que el actual primer vicepresidente: Miguel Díaz Canel Bermúdez, uno de los pocos jóvenes en la dirección del país, es el sustituto del gobernante y encabezaría otra generación en el poder, se desconoce por qué no fue asignado en el protocolo para el recibimiento del mandatario norteamericano. Sin embargo, tal vez para demostrar lo que luego se convirtió en guerra de artículos sobre la negación oficial del racismo, se envió a uno de los pocos negros que hoy están en esas esferas del poder.

En su defecto, el segundo hombre en la nomenclatura de Cuba fue el encargado de arremeter unos días antes de la visita contra el enemigo que ahora quiere pasar a ser adversario, y durante las escasas coincidencias, su cara era un poema difícil de descifrar.

El país está en un momento trascendental de su existencia. Hay en puerta un cambio generacional que preocupa y ocupa a los que sufren desde dentro o a los que son afectados desde fuera. A todos les interesa qué sucederá en el Congreso del Partido Comunista que se supone, contra la opinión de muchos, se efectuará en unos pocos días en La Habana.  La mayoría quiere saber qué se discutirá allí, conociendo que esa plataforma puede acelerar o retrasar los cambios que se han venido dando.

El inmovilismo que se cierne sobre la ruta trazada para la reconversión del país, es preocupante. Los lineamientos políticos y sociales están salpicados de incumplimientos y la frase sin prisas pero sin pausas no es suficiente. En realidad hay pausas inexplicables y la prisa de los primeros días ha quedado en un vacío preocupante incluso para quienes defienden al régimen desde posiciones críticas.

El país ha cambiado, pero ha cambiado objetivamente. La composición social, racial, etaria; las oportunidades de desarrollo individual; la retórica ideológica; las prioridades para el común de los mortales. Todo ha cambiado en los últimos años, y quienes tengan la tarea de movilizar el futuro inmediato del país tienen un reto enorme si de contar con mayorías se trata. Hay una evidente falta de liderazgo y los chismes de pasillos, tan útiles cuando no hay información cierta, ya hablan de reciclar a algunos que hace poco fueron defenestrados.

El país ha cambiado, tanto que para defender lo que históricamente se ha hecho se tienen que escribir frases hirientes, para algunos francamente racistas, para otros sencillamente irrespetuosas contra un visitante que por demás nunca engañó en sus verdaderos objetivos y fue tan directo como Fidel hace mas de 55 años en su premonitoria carta a Celia Sánchez.

Es muy posible que aún queden algunos artículos, comentarios, griteríos que se desdibujen entre intensiones y frustraciones. Es posible que esto incluso se solape con un congreso partidista que necesita dar un antes y un después en las respuestas que el país pide. Pero lo cierto, bulla y frases poco felices aparte, es que las prioridades siguen siendo las mismas. Si no, que le pregunten a Pánfilo, el de verdad.

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