FELIZ DIA DEL GUANAJO

Feliz Día del guanajo

Feliz Día del guanajo

Pablo Socorro.- Tengo un amigo que me llama cada Thanksgiving y lo primero que hace es soltarme un “¡Feliz Dia del Guanajo!”. Lo hace con tal regocijo que yo le sigo la corriente y respondo con un “¡gluglugluglú” sonoro, imitando a un pavo cubano. No sé cual de los dos es más guanajo, pero si sé que ambos celebramos el Thanksgiving con pleno convencimiento de que somos afortunados por estar vivos, saludables, con trabajo y las deudas precisas para ser ciudadanos decentes. Pero lo más importante: tener una bella familia y buenos amigos, lo cual es motivo suficiente para dar Gracias a la vida, guanajo de por medio, cocinado según nuestra muy particular culinaria cubana.

El Thanksgiving es una tradición americana que los inmigrantes hemos adoptado con total convencimiento de que donde fuere, haz lo que viere. Y porque es la única de las tres reuniones familiares del año, contando Navidad y Noche Buena, en que los iPods y tablets no estarán a la izquierda de los cubiertos en la mesa.

Según la tradición, todo parte de aquellos 102 peregrinos que escapando de la pobreza y persecuciones religiosas viajaron desde Inglaterra en el Mayflower para desembarcar en 1620 en la costa de Massachusetts, formando la colonia de Plymouth. Cuando pusieron pie en tierra, los naturales del país no le pidieron visa ni amenazaron con deportarlos. Los tales indígenas recibieron a los indigentes con muestras de solidaridad. Con muy buena onda, y sin que mediaran espejitos por medio, les enseñaron a sembrar batatas dulces y calabazas, y a cazar y a curar la carne de los pavos salvajes que abundaban en la zona. En agradecimiento, aquellos pioneros le mostraron a los indios como hacer whisky, y le regalaron todas las epidemias y enfermedades que habían traído consigo desde la Pérfida Albión. Los ‘pilgrims’ lograron sobrevivir un invierno muy duro y, agradecidos, organizaron una gran cena a la que invitaron a los pocos nativos que se salvaron del contagio con la nueva civilización. La primera celebración de Acción de Gracias duró varios días, y según cuentan, la borrachera fue de órdago.

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Con el tiempo, la histórica cena se convirtió en una jornada de agradecimiento por las cosechas. George Washington, presidente primigenio de Estados Unidos y hacendoso cultivador de tabaco y uvas, declaró el 19 de febrero de 1795 como primer Día de Acción de Gracias. Thanksgiving, le bautizó al dia en que supo había roto el récord de su cosecha en su finquita de casi 30.000 hectáreas de tierra. Más tarde, Abraham Lincoln escogió el 3 de octubre de 1863 como día de reflexión y agradecimiento.

El presidente Franklin Delano Roosevelt cambió en 1941 el Thanksgiving para el cuarto jueves del mes de noviembre. Fue una decisión para reactivar la deprimida economía, pues eso marcó el pistoletazo de arrancada para el inicio de la temporada comercial de navidad. El viernes siguiente al Thanksgiving quedó marcado como el Black Friday, por las rebajas en los comercios y las peloteras en las tiendas para hacer las primeras compras de Navidad.

A los americanos les privan las estadísticas. Y según éstas, Thanksgiving es la fiesta más celebrada entre los latinos en Estados Unidos. La encuestadora Nielson Homescan Omnibus asegura que el 51% de los hispanos en este país celebran la fecha. Solo que los “latinos” (los nuevos pilgrims según Univisión), hemos adaptado el Thanksgiving a nuestras costumbres. A la tradicional comida del pavo pavo asado, puré de papas, batatas caramelizadas, judías verdes, zanahorias glaseadas, panecillos de maíz y el postre típico de pastel de calabaza o de nueces, cada grupo inmigrante le ha dado su toque, lo que es un reflejo también de la diversidad cultural de este país.

Los preparativos para el Thanksgiving entrañan un reto mayúsculo. En primer lugar, la selección del pavo, llamado acá turkey, mientras en México se conoce como guajolote, chulingo y cócono; en Guatemala y El Salvador chompipes, en el resto del continente pavo, y en Cuba simplemente guanajo.

Toca escoger unas de esas bolas congeladas y gigantescas que venden en los supermercados, que como todo guanajo americano son grandes, gordas y esteróidicas, pero más desabridos que Jeb Bush cuando estaba en campaña presidencial. Me maravilla ver como la gente le da vuelta a esas bolas de hielo, las palpa, las pesa con las manos, y algunos hasta las huelen. Hay quien prefiere gastar más dinero en un pavo orgánico, porque según dicen, el animalito no sufrió al momento de pasar a mejor vida y su carne está libre de estrés. A estos gourmets piadosos lo único que les falta pedir es que los pavos sean rubios, de ojos azules, amantes de los ‘comics’ y demócratas, para garantizar su americanidad.

Los cubanos de Miami han patentado una receta para entrarle a ese guanajo seco y desabrido de los americanos: el famoso “pavochón”, adobado con naranja agria, ajo, comino, laurel, y sal, tal y como preparan el lechón de Navidad y Fin de Año. La única diferencia es que a éste guanajo le ponen unas lascas de bacon para que quede jugoso, por aquello de seguir la rima con “échale salsita”. Un verdadero milagro, pues el turkey queda como Issac Delgado, el Chévere de la Salsa, uno que se aburrió del pavochón y se regresó a Cuba a disfrutar del puerco socialista.

En muchas mesas cubanas, pavo, mash potatoe y toda la compaña americana son meros adornos, ofrendas de agradecimiento al país que los acoge, porque el verdadero rey de la fiesta sigue siendo el puerco asado, con su compaña de congrí, tostones, yuca con mojo, ensalada de aguacate, unos gloriosos casquitos de guayaba con queso amarillo, o un flan cubano. Nos da lo mismo que el colesterol se ponga por las nubes. Es su problema. Y del médico. Lo nuestro es agradecer los dones que tenemos, incluyendo ese pavo con sabor a libertad.

Pablo de Jesús
Los Angeles, California

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