Freddy Javier, el imaginario social de un maestro

Gamal Michelén Stefan, Miembro ADCA-AICA

Freddy Javier, el imaginario social de un maestro
Freddy Javier, el imaginario social de un maestro

La máxima latina de Publio Terencio “Homo sum, humani sum, humani nihil a me alienu puto”, tiende a materializarse en el alma de los artistas porque ellos participan, usualmente, de la lucha social al extrapolar su propia batalla interior al soporte de una imagen. Miguel de Unamuno murió dos meses después del incidente del 12 de octubre de 1936 (año del inicio de la Guerra Civil Española) en el paraninfo de la Universidad de Salamanca cuando dijo a los militares “Venceréis, pero no convenceréis” y recibe como respuesta del general Millán Astray “mueran los intelectuales, viva la muerte”. Cuando comunicaron al poeta Antonio Machado acerca de su muerte dijo “A Unamuno lo mato la guerra, pero no la civil española sino una guerra que libraba contra sí mismo”, se refería a la lucha interior del intelectual que se convierte en cazador de utopías con el anhelo de tener un mundo menos injusto y más equitativo.
Nos referimos a la sensibilidad de los artistas y pensadores que renuncian a ser lobos de las estepas e introducen en su imaginario una batalla transformadora de la sociedad.
La obra del maestro Freddy Javier ha manifestado, desde un principio, que nada humano le es ajeno y que sus piezas suelen transmitir sensibilidad de alma respecto de su entorno cumpliendo así la razón existencial de beneficiar, en el tiempo y en el espacio, a la generación en la que le toco vivir.

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Su pintura temprana nos presenta, en plena guerra de 1965 para restablecer el gobierno constitucional del presidente Juan Bosch, con dos versiones del bombardeo acontecido en las inmediaciones del Puente Duarte. Desde sus inicios manifiesta el espíritu contestatario y de búsqueda de ideal que lo distancia de eso que José Ingenieros define como “El hombre mediocre”.
Freddy Javier ha construido un universo plástico donde la prioridad es el ser humano y, a la manera de Gasset, sus circunstancias. Es bueno destacar su labor como muralista donde su referente principal fue el maestro Ramírez Conde, de los pocos artistas que han hecho mural al fresco en nuestro país, técnica complicada porque la segunda capa debe ir secando con el pigmento a la vez en “giornate de intonaco” o jornadas de yeso y este proceso dificulta la corrección a diferencia de la labor sobre un soporte de lienzo o muro seco.
Respecto de la temática social, Freddy tuvo en Condesito un ejemplo de convicciones firmes que tuvo la osadía de pintar en la Iglesia de la Altagracia unos ángeles mulatos, en un país donde, desde 1844 hasta la llegada de Celeste Woss y Gil en 1930, hubo una negación de la negritud y de eso que llamamos dominicanidad. Su habilidad de resolver la composición en un gran formato ha quedado, recientemente, manifiesta en los murales para el Metro de Santo Domingo.
Ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1966 donde se gradúa en 1970, mientras que en el contexto político ingresa en el Pacoredo, lo cual lo etiquetaba de comunista en esa década de los 60 en que arreciaba la guerra fría y donde la palabra artista se convertiría en sinónimo de rebeldía a lo establecido.

Serie marron
Serie marrón

Su obra analiza un tema y lo conceptualiza en series que, como en un calidoscopio, presenta diferentes aristas de una misma realidad donde suele enfatizar la marginalidad y el fatalismo de personas a las que el sistema parece condenarlas a una miseria que, muchas veces, no solo es material, sino también espiritual y casi inapelable. En ocasiones renuncia al artificio de la estridencia cromática para enfocarse en monocromías que resultan atractivas a la mirada del espectador, aunque esté construida de ocres y grises.

Al hablar de las series hay que entender el contexto pedagógico que logra fijar dentro de las paredes de la memoria por repetición y por los casi infinitos puntos de vista que se pueden derivar de un tema único. Picasso solía saturar un tema que usualmente eran reediciones de obras maestras, así reinterpretó las mujeres de Argel de Delacroix, el desayuno sobre la hierba de Manet, los fusilamientos del 3 de mayo de Francisco Goya y, la más importante de todas, las meninas de Velázquez, de las que Dalí respondió a un periodista al salir del Prado que si esa fantástica pinacoteca se incendiara y el pudiera salvar una sola obra se llevaría el aire contenido en las meninas. Picasso pintó 58 variaciones de este tema y nos ayudó a deconstruir y comprender cada parte de esta extraordinaria obra del pintor del aire.

Serie transportistas
Serie transportistas

Freddy ha estado trabajando el sensible tema del transporte desde 1980 cuando toma como punto de partida la “ruta cinco”, para socializar el caos que por décadas que parecen no tener solución afectan el quehacer urbano de todos y especialmente la movilización de los más necesitados.

Si queremos aprender la dominicanidad, muchas de las obras de este maestro que es nuestro, se transmutan en un poderoso megáfono del caos que procura explicar esta confusión colectiva que trastorna nuestras ciudades y en especial Santo Domingo.

Descifrar los códigos de esta serie se hace más fácil y hasta se constituye en un divertimento al contemplar estas pinturas donde vemos aquellos autobuses de dos pisos que hacían en el pasado la ruta A y la Z, los destartalados carros de concho, las famosas “voladoras” llamadas así porque van “volando” y si caben 30 personas entran 40 y la puerta de entrada es la misma de salida. Freddy Javier nos presenta esa imagen y la del motoconcho donde en un motor pueden subirse 5 personas y un colchón. En un sentido final, el maestro Freddy Javier es un relator de la dominicanidad, de la ciudad, no como ella debería ser, sino como es. Solo nos resta a nosotros, los espectadores, apreciar, como un préstamo a la mirada, la obra de este maestro y procurar el hacer una exégesis de su obra, tratando de introducirnos en el universo onírico de este artista, Freddy Javier.

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