Leyenda e historia de Santa Bárbara

Santa Bárbara

Se le representa vestida de blanco con una capa roja. El rojo en el catolicismo representa el martirio y el amor encendido.

El amor a Cristo está representado en la ostia y el cáliz (la copa). El martirio está representado por la palma. La torre simboliza, más que su sitio de encierro, la Santísima Trinidad, honrada por la santa en las tres ventanas de la torre. La espada significa: el arma con la que recibió el martirio.

Se la invoca contra la muerte repentina. En alusión al padre fulminado por un rayo; de modo que la tradición acabó añadiendo que ella, antes de la muerte, prometió auxilio especial a quien la invocara en peligro de muerte sin confesión.

Es por eso que aparece portando el Viático, primero en forma de cáliz, y a partir de la época barroca, en forma de custodia. Por este patronazgo de auxilio sacramental en peligro de muerte, fue escogida como una de los Catorce Santos Auxiliares de la tradición germana. A pesar de que fue jubilada del Santoral católico en 1969 en el Concilio Vaticano II convocado por el Papa Juan XXIII, al considerar que no había suficientes pruebas documentales que justificaran su Hoja de Servicios como tal.

Patrona del fuego y la pólvora

Ella es patrona de todas aquellas profesiones que manejan el fuego y la pólvora, y ello se aprecia, entre otras razones, por la advocación de numerosas profesiones que se acogen a su patronazgo, casi unánimemente a nivel mundial (de hecho, el polvorín de un barco recibía el nombre de “santabárbara”.

Hay muchas teorías en torno a esto, pero lo más probable es que todo ello proceda del rayo que mató a su padre: estallido, luz, fuego, trueno.

Y a partir de ahí, su patronazgo sobre artilleros, militares, bomberos, mineros; su advocación contra las tormentas, contra los incendios.

Gracias a estos colectivos de profesionales, el culto a la  Santa ha seguido muy vivo hasta hoy.

Entre ellos podemos citar a los mineros, a los ingenieros de minas, a cuantos trabajan en la preparación de explosivos o la fabricación de armas de fuego (como es el caso de los ingenieros politécnicos españoles en su rama de armamento), a algunas marinas como la italiana, a un gran número de los cuerpos de bomberos como los de Francia y de Italia, de algunas poblaciones españolas y de la mayoría de las naciones de Iberoamérica, así como, por supuesto, a la casi totalidad de los artilleros del mundo cristiano e incluso de algunos países musulmanes.

Oración para pedir protección a Santa Bárbara

Santa Bárbara, virgen bendita, grandiosa de inmenso poder, Dios te acompañe, y tú a mí por el camino del bien.
Con tu espada vencedora líbrame del mal, de la injusticia, de la envidia y de los malos ojos.
Con el poder del rayo protégeme de mis enemigos, glorifica la boca de fuego de mi cañón y permite que salga victorioso.
Con el cáliz de tu copa y el vino mantén la fuerza de mi cuerpo y espíritu para la dura lucha y el combate.
A mis manzanas y margaritas recíbelas como ofrenda de que te tengo siempre presente en mi pensamiento y en mi hogar.

Te ruego no me abandones nunca y acudas a mí, cada vez que te reclame para defender mi fe, mi tierra, mi familia y mis luchas; y que al final me lleves siempre a la gloria como tú.

Leyenda de Santa Bárbara

Cuenta la leyenda recibida de Metaphrastes (siglo X) Santa Bárbara, virgen y mártir nació, según la tradición, en Anatolia (actual Turquía) a orillas del mar Mármara alrededor del siglo III, después de Cristo.

Su padre de nombre Dióscoro se conoce bastante debido a que su nombre figura en la historia local de “ismidt – ismir” por los altos cargos que desempeñó durante la ocupación romana en Turquía. Este hombre era igual que la mayoría de los ricos y poderosos de su tiempo, un militar de carrera.
Si realizamos el perfil de este personaje nos aproxima al prototipo de hombre de su posición social y época, donde predominaba la brutalidad, el orgullo, el autoritarismo y un deseo de mantener su estatus social y político por encima de cualquier cosa. La madre de Bárbara se llamó Repe, se sabe que era de origen judío.

Bárbara era bella e inteligente. En aquella época los padres ejercían sobre las hijas el control absoluto de sus vidas, ya que el matrimonio era por lo general un acuerdo, un negocio de familia más que se podía realizar, y si la muchacha era bella e inteligente como Bárbara, era mucho mejor para los propósitos de su padre, un hombre materialista que siempre guardó a Bárbara para casarla con un joven de excelente familia, con el fin de lograr algún tipo de alianza que lo ayudara a multiplicar su fortuna.

Cuenta la historia que un día Dióscoro recibió una orden de ir a cumplir una campaña militar al servicio de Roma. Tal viaje significaba la necesidad de ausentarse de su casa un largo tiempo. El padre decidió encerrarla en una torre

Bárbara en aquel momento contaba solo con 9 años de edad, pero con su encanto atraía ya a muchos pretendientes, los cuales no eran del agrado de su padre.

Ante la pregunta de qué hacer con la niña, para evitar que durante su ausencia se uniera a alguien (recordemos que a esa época se veían matrimonios a los 10 y 11 años de edad), el padre decidió encerrarla en una torre que se construyó especialmente para aislarla.

Primero de los hombres y, segundo, de los propagadores y seguidores de una doctrina que era muy mal vista en las clases pudientes y en las altas esferas del poder imperial: el cristianismo.

El encierro de Bárbara en la torre no fue concebido por su padre como una pena carcelaria, por el contrario a la niña se le dotó en el interior de ese lugar de todas la comodidades de acuerdo al nivel social de su familia.

Es importante resaltar que el encierro de las hijas por parte de los padres, que por una u otra razón debían ausentarse del hogar, era una práctica común entre la gente acomodada de ese país, cultura y tiempo.

La torre de Bárbara

La torre de Bárbara estaba dividida en cuatro niveles distribuidos así:
Una planta baja destinada a los soldados y servidumbre, primero y segundo piso destinado al uso exclusivo de la niña y una platabanda que hacía las veces de mirador, donde montaban guardia permanente los militares encargados de la custodia.

La torre tenia inicialmente dos grandes ventanas, a través de las cuales el edificio se ventilaba y el sol podía entrar en todo su esplendor, lo que garantizaba una temperatura fresca en los días de invierno o verano.

Su padre se preocupó porque ella tuviese una educación de primera, a través de maestros particulares. Le fueron contratados los más afamados pedagogos de la época, y con ellos conoció el pensamiento de los más grandes poetas, filósofos, historiadores y oradores de su época.

Dos hechos importantes en su vida

En medio de ese proceso de estudios que tenía la ya joven Bárbara, ocurren dos hechos importantes en su vida, la primera es que se percata de la falsedad de la doctrina pagana, en la cual había sido criada y que era la fe practicada y defendida en su familia, y la segunda es que decide romper con todo el sistema religioso.

Tal decisión implica varios riesgos para ella, porque las leyes de la época contemplaban penas muy severas para los practicantes del cristianismo, pero pudo más la fuerza de la fe, que comenzaba a bullir en su alma joven, olvidándose de los riesgos que corría realizando tales prácticas.Bárbara estaba ansiosa por aprender más sobre el cristianismo, y como los recursos económicos se lo permitieron, hizo llegar un mensaje a la ciudad de Alejandría donde vivía un gran doctor de la cristiandad. El muy respetado sabio llamado Orígenes. En la carta la joven manifestaba su deseo de que él viajase a Turquía para que se encargara en secreto de su educación en la fe cristiana.

Dicho maestro no pudo atender el llamado, pero en su lugar envió a su discípulo Valencio, que al llegar fue recibido con los brazos abiertos, y tratado como su médico de cabecera.

Con dicho personaje Bárbara comenzó sus estudios de la fe cristiana. Lógicamente fue bautizada, y tal acto estuvo rodeado de hechos asombrosos.

Cuentan los historiadores que ocurrió allí la aparición de dos seres venidos del cielo, Juan el Bautista y el mismo Jesús. El primero la bautizó y el segundo le hablo haciéndole entrega de la palma y de un poderoso anillo.

Por aquellos días Bárbara ordenó a unos trabajadores que abrieran una tercera ventana en su torre, como una forma de honrar a la Santísima Trinidad.

El regreso de su padre

Pasaron varios años y Bárbara se convirtió en una preciosa joven, cuyos días trascurrían en clases y tertulias sobre los variados tópicos de la cultura universal. Hasta que un día tuvo que enfrentar un hecho que cambiaría su vida para siempre, el regreso de su padre.
A su llegada Dióscoro notó inmediatamente que las cosas habían dado un gran giro en su ausencia y optó por definir hasta donde la muchacha se había transformado, la encaró y ella le confesó cristiana.

En vano fueron los intentos para que abandonara su actitud. Pronto el padre reventó en cólera diciéndole que su conducta podía costarle la pérdida de todo, por lo cual había luchado, si el Cesar se enteraba de esa situación.

Resuelto a definir las cosas de una vez por todas desenvainó su espada, pero la joven logro darse a la fuga, tomando el camino del monte y ocultándose en la maleza. Dióscoro organizó una comisión que salió en su búsqueda hasta que al fin la encontró.

Pretor llamado Marciano

Durante varios días la torturó con la esperanza de que ella cambiara su actitud. pero las cosas se les escaparon de la mano y temiendo ser delatado por alguno de sus colaboradores, decide entregarla a la justicia  cuya máxima autoridad era el Pretor Marciano.

Este hombre cuya inigualable crueldad y sadismo le había ganado fama en todo el imperio, trato de persuadir a la muchacha a que abandonara el cristianismo, doctrina considerada por el alto funcionario como mera superstición.

Brutales castigos

Al ver que las palabras no resultaban y ateniéndose a lo que la ley prescribía  en estos casos, ordenó entonces que comenzaran los brutales castigos. El primero consistió en tres días y tres noches de azotes.

Cumplidos los mismos Bárbara fue interrogada, y como la respuesta fue seguir defendiendo su fe, entonces Marciano ordenó una segunda tanda de torturas que comenzaron cuando la acostaron sobre una montaña de vidrios rotos y los torturadores se paraban sobre su cuerpo indefenso, con el fin de que su peso garantizara la entrada profunda de los pedazos mortales de vidrios rotos.

Temible “cama de lanzas”

Finalizado este festín de sangre y odio Bárbara fue interrogada nuevamente, pero no consiguieron que cambiara de opinión lo que aumento la cólera de sus torturadores quienes, esta vez, subieron su cuerpo a la temible “cama de lanzas”, que se conformaba por una tabla rectangular a la cual se le colocaron las puntas de centenares afiladas lanzas.

Nadie que no estuviese asistido por una fuerza superior hubiese soportado esto. Totalmente inconsciente Bárbara fue trasladada a un calabozo oscuro donde permaneció tres días sin agua ni comida.

Estando en el calabozo recibió la segunda visita de Jesús, quien le limpia las heridas, la cuida, la alimenta y la hace tener una recuperación milagrosa.

Cuando los soldados abren la puerta del calabozo, esperan encontrarse con un cadáver, pero se llevan el susto de su vida cuando la prisionera los recibe de pie y sonriente.

En ese momento varios de los soldados huyeron despavoridos, pero fueron obligados a regresar por su comandante para que llevasen a la joven a comparecer ante el Pretor Marciano.

Una vez ante él, todos se asombran en el tribunal y cuando le fueron pedidas las explicaciones de su extraña recuperación, ella dijo que la misma había sido producto de la intervención de Jesús de Nazaret.

Bárbara fuera colgada por los pies

En ese momento se le plantea a él Pretor Marciano una situación bastante difícil. Estaba quedando claro para todos que el dios de Bárbara era capaz de hacer grandes milagros y eso él no estaba dispuesto a tolerarlo, entonces lleno de una gran furia ordeno que Bárbara fuera colgada por los pies y que le rasgaran sus costados con dos garfios de hierro y que además le quemaran esa parte de su cuerpo con antorchas encendidas.

Pero esto, que hubiese bastado para matar a cualquier ser humano, tampoco hizo que la prisionera cambiara su aptitud, al contrario ella sonreía elevando su vista al cielo mientras dialogaba con una presencia divina y que, según los entendidos, se supuso fuera el propio Jesús.

En vista de este hecho sobrenatural e inexplicable se ordenó que con sendos martillos de los que se utilizaban para la demolición de edificaciones le pegasen a la joven por la cabeza para causarle la muerte pero, sorprendentemente, también soporto ese castigo.

Bárbara seguía sonriendo

Luego entre sus esbirros surgió la idea de arrancarle los senos con unas gigantescas tenazas de las que se utilizaban en la época para realizar trabajos pesados de herrería. Pero pese a que le arrancaron los senos, ella seguía sonriendo.

Al terminar estas acciones la subieron desnuda a una carreta que la llevo por toda la ciudad mientras dos bestiales individuos la azotaban y pateaban sin parar. Cuando la carreta llego a la plaza principal se produce otra manifestación divina en forma de un rayo de luz tan potente como mil soles juntos que dejo sin visión a todos los que observaban tan cruel espectáculo.

Cuando el pretor vio que Bárbara estaba pese a las torturas, llena de una infinita fortaleza física y espiritual, decreto la pena de muerte por decapitación.

Dióscoro de un solo golpe le cortó la cabeza a su propia hija.

Y ocurrió que Dióscoro dijo a todos: “Yo soy su padre y no quiero que muera en otras manos más que las mías”. Acto seguido tomó la espada y,  -como tantas veces lo había hecho en batalla, cuando ajusticiaba prisioneros-, de un solo golpe le cortó la cabeza a su propia hija.

Alguien entre los presentes aseguró que las últimas palabras de Bárbara fueron para pedir a Dios por los que la habían hecho sufrir. Pasado unos minutos de estos acontecimientos y cuando Dióscoro se disponía a marcharse a su hogar y el Pretor Marciano todavía estaba en el tribunal, desde el cielo, totalmente despejado y en un azul extremadamente intenso, cayó un rayo que fulminó instantáneamente a ambos.

Este hecho puso en fuga a todos los presentes en el sitio del crimen y llevó a los habitantes de la ciudad a vivir una terrorífica ola de pánico. porque se sentían cómplices de un asesinato que nunca debió haber ocurrido y que nadie hizo nada para evitar.

Pero los problemas para la difunta Bárbara no terminaron con su muerte, según las leyes de esas tierras y tiempo su cuerpo no podía recibir ninguna sepultura y debía ser botado al mar o dejado en un lugar del campo donde las aves de rapiña se comieran su cuerpo. Fue entonces donde entra en acción Valenciano, un piadoso noble de la época, que haciéndose pasar por un alto funcionario del gobierno logra confiscar el cuerpo y lo lleva a la población de Gelasio, donde es sepultada de acuerdo a la tradición cristiana de la época.

Esta acción pudo costarle la vida a Valenciano, porque las leyes eran muy estrictas debido a que el imperio romano no quería que los cuerpos de personas que practicaran religiones diferentes al paganismo, y que hubiesen muerto defendiendo su fe, fueran tomadas por los seguidores de tales doctrinas para rendirle culto como mártires en el lugar donde fuesen sepultados.

Sus restos fueron trasladados primero a Constantinopla.

Después de permanecer sepultada en Gelasio, sus restos fueron trasladados primero a Constantinopla, a fines del siglo IX, y depositados en una iglesia erigida en su nombre por el emperador León. Luego en el año 991 fue llevada hasta Venecia, Italia a la iglesia de la Compañía de Jesús.

Santa Bárbara fue santa tanto de la iglesia ortodoxa griega como de la católica apostólica y romana.

Dicen que junto a ella fue martirizada su amiga Juliana, y que en su sepulcro se obraron muchos milagros.

También añade la antigua tradición, que lo último que santa Bárbara pidió a Dios fue que bendijera y ayudara a todos los que recordaran su martirio.

Se dice que en Torcello están sus reliquias procedentes de Constantinopla, y así lo atestiguan los documentos datados, a lo más antiguo, en 1009. Pero también la ciudad italiana de Rieti dice poseer el cuerpo de la Santa, y lo mismo sucede con la ciudad de Kiev, en Ucrania, ya en ámbito ortodoxo.

Los habitantes de Rieti sostienen que Bárbara habría padecido martirio en Scandriglia, ciudad próxima a ella, según reza uno de los textos latinos; y lo mismo defienden los ortodoxos de Kiev, diciendo que el cuerpo les llegó directamente de Constantinopla, traído por el príncipe Miguel Izyaslavitch, quien lo dejó en la catedral de San Vladimir, donde aún se venera.

En resumen, ¿quién tiene el auténtico cuerpo de la Santa? Torcello parece ser la opción más verosímil.

Finalmente ofrecemos la letra del Himno a Santa Bárbara, datado en 1877 como obra póstuma del compositor D. Antonio Oller y Fontanet para el Cuerpo de Artillería.

Himno de Santa Bárbara

Al morir el valiente Artillero
defendiendo tenaz el cañón
dale ¡oh Virgen! sublime y piadosa
siempre amparo, consuelo y perdón.
Tú que aplacas la fiera borrasca
y del trueno el horrísono son
en tu solio bordado de estrellas
de tus hijos escucha la voz.
Y si un día Patrona te hicimos
del gallardo Artillero Español
fue al pensar en tu Gloria que brilla
más radiante y pura que el sol.

Desde estas líneas el Grupo Atenea quiere hacer patente su cariño y veneración por una Santa que, en estos momentos de grave confusión social, nos muestra el camino sobre cómo defender nuestros principios e ideales por encima de cualquier presión social.

Tomado del portal https://www.infomistico.com/

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