Pasaje a lo ya conocido

Víctor Fowler Calzada.-

Pasaje a lo desconocido, dedicado al Diseño.

Pasaje a lo desconocido, dedicado al Diseño.

Acabo casi de ver la edición correspondiente a este domingo, 25 de febrero de 2018, del programa “Pasaje a lo desconocido”, hoy dedicado –al menos así lo anunció su conductor- a la moda. Minutos después de concluir, aún me siento envuelto en una confusión o interna revoltura en la cual se mezclan la vergüenza, la lástima y la indignación. El invitado fue el Decano del Instituto Superior de Diseño Industrial y, hasta donde consigo captar significados e implicaciones, pocas veces un funcionario estatal ha sido tan ofensivo con la audiencia de esta, o cualquiera otra, emisión televisiva en el país.

Es difícil explicar en cuál momento exacto o por qué, pues la cantidad de seudo-verdades, manipulaciones, silencios o juicios extremos, rígidos, fue tal, que prácticamente abarcaron la emisión entera. En términos muy básicos, el invitado se dedicó a insistir en que la moda es –en lo fundamental- resultado de la decisión de unos pocos (nunca se dijo quiénes) que maniatan al resto de la sociedad en atención a imponer patrones para el consumo, cuyo único valor es el de servir como suerte de movilizadores del consumo.

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El anterior esquema, típico de las teorías apocalípticas (como son las de la conspiración o aquellas que hablan de ingeniería social como herramienta al servicio de alguna clase de gobierno mundial) priva a las audiencias de cualquier oportunidad de respuesta u opinión. Puesto que este consumidor, al ser proyectado o extendido encima del mapa del país, queda definido por la conducta acrítica y la pasividad, el pueblo, la población, la ciudadanía (o como quiera llamársele) se encuentra –delante de nuestros ojos- transformada en “masa”, tan indefensa como fácil de conducir adonde se desee.

Conduce el Lic. Reinaldo Taladrid.

Conduce el Lic. Reinaldo Taladrid.

De ahí, lo que tal vez fuera el peor momento del programa, cuando el conductor enfrentó a su invitado (recordándole que, al inicio de la emisión este había hablado de la necesidad de que las personas pudiesen elegir, con libertad, sus modos de vestir al mismo tiempo que ahora estaba postulando que la población cubana “tenía” que rechazar determinadas prácticas relativas a la moda. En este punto, como suele suceder en no pocos de estos discursos, el lugar del Yo hablante fue ocupado por un súbito “nosotros”, que nunca se explicó quienes lo conformaban, dispuesto a limitar y dictar normas al uso (entendido únicamente como consumo) a nombre de la pureza ideológica.

Escuchar la negativa del invitado a ofrecer legitimidad o valor a ocasiones como los desfiles de moda en los que una determinada línea creativa es mostrada con el nombre del autor del diseño; la increíble reducción del juicio evaluativo cuando aseveró que estos creadores de vestimenta no son diseñadores porque no estudiaron diseño; o el silencio al explicar que las pasarelas son una combinación de elementos de uso, que son parte de la ropa propuesta para ser utilizada, con otros que no son más que fantasía, fueron momentos penosos e incluso manipuladores.

Para alguien que se presentó, y permitió que lo identificaran como “experto”, hubiera alcanzado un solo ejemplo en la historia contemporánea para comprender que eso a lo que denominamos “moda” es mucho más complejo que el dominio férreo de un pequeño grupo de líderes de mega-industrias multinacionales, un diminuto puñado, sobre el resto de la humanidad. El ejemplo al que me refiero es la mini-falda, esa prenda femenina que electrizó medio mundo y que pudo reunir y ser portadora de la mujer de los 60 del pasado siglo, con los ideales de liberación sexual y los nuevos modelos de feminidad.

Cosas parecidas pudieron haber sido dichas acerca del cabello largo, sobre los hombros, durante aquellos mismos 60-70 (que terminó siendo una suerte de estándar universal hoy día), o la variante del peinado en estilo “afro” en la misma época (identificable con una radicalización de la conciencia en grupos afro-americanos, pero también más allá, a propósito de la identidad como sujetos, masculinos o femeninos, de raza negra). La combinación entre rigidez ideológica y estrechez del análisis hizo que el invitado fuese incapaz de ofrecer algún comentario o explicación interesante sobre la moda de los pantalones rotos, práctica que no sólo es debida al efecto en las “masas” de determinados iconos sociales proyectados a espacios de gran visibilidad por la televisión, radio u otro medio de comunicación.

Si algo fue un grave error o vacío del programa, esta vez, fue no invitar a expertos procedentes de campos diversos que nos ayudaran a comprender la enorme complejidad del objeto o problema a analizar; periodistas, historiadores culturales, diseñadores de vestimenta y productores de pasarelas hubiesen complementado y balanceado las opiniones del experto en diseño industrial.

Ahora que ya pasó, aspiro a que sean varios los que abran espacios de debate a partir de lo que sucedió anoche en nuestra televisión: otro ejemplo de una Cuba fea y dañina, al servicio de ideólogos mediocres, que merece ser superada y olvidada.

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