El uso del gerundio

El uso del gerundio

Ahora que abundan tantas editoriales, sueltas en la pradera como chivos sin ley o despuntando cual retoños de la fértil verdolaga, quiero darles la sana ayudita de publicar, periódicamente, una selección de artículos que le van a servir al escritor para que su narrativa sea mejor digerida y su libro, tan caro que le costó publicarlo, no termine como los libros de economía política de Carlos Marx.

Empecemos…

Otro error que no debes cometer

Autor: César Sánchez
Taller de Escritores
www.tallerdeescritores.com
Passeig Valldaura, 184, 6-3, Barcelona, 08042

Parece que el microbio se resiste a marchar… Para que puedas seguir llevando tu reclusión lo mejor posible, aquí tienes un nuevo artículo de la serie Quédate en casa (a escribir). En esta ocasión te explico cómo puedes saber si estás haciendo un uso excesivo o incorrecto del gerundio y te doy las indicaciones necesarias para que puedas “desgerundizar” tu escritura.
Como ya sabrás, el gerundio es una de las formas no personales del verbo, como también lo son el infinitivo y el participio. El gerundio es la más versátil: puede cumplir la función de verbo, de adverbio e, incluso, de adjetivo. Además, tiene una forma simple (por ejemplo, estando), y otra compuesta (por ejemplo, habiendo estado).
Precisamente, esta versatilidad del gerundio, unida al hecho de que la normativa limita por aquí y allá su uso, provoca que se recurra a él con más frecuencia de lo deseable y, muchas veces, en casos en los que no está permitido.
Para que puedas tener una referencia objetiva de a partir de qué número de ocurrencias del gerundio en un texto empieza a hacerse patente el gerundismo, y así tú mismo puedas detectarlo, he llevado a cabo una pequeña investigación. Te la detallo:
En primer lugar, he buscado entre los textos que he ido corrigiendo estos últimos días uno en el que hubiese indicado un exceso de gerundios, y, cuando lo he encontrado, he calculado la proporción de gerundios: he visto que el texto tenía 296 palabras y que, de ellas, 10 eran gerundios, es decir, el porcentaje era superior al 3 %.
Luego he buscado un texto en cuya revisión no hubiese indicado ningún error en el uso de los gerundios, y, de nuevo, he calculado su proporción: he visto que el texto tenía 1099 palabras y que, de ellas, 6 eran gerundios, es decir, el porcentaje no llegaba al 1 %.
A continuación he calculado el porcentaje de gerundios en los textos de algunas obras conocidas, y he obtenido los siguientes resultados:

El uso del gerundio
El uso del gerundio

El primer párrafo del poema en prosa Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, tiene una extensión de 80 palabras, de las cuales sólo una es un gerundio, es decir, el porcentaje es poco más del 1 %.
El texto El Zahir, de Jorge Luis Borges, tiene una extensión de 3017 palabras, de las cuales sólo 6 son gerundios, es decir, el porcentaje en este caso no llega al 1 %.
Otro texto de este autor, La biblioteca de Babel, tiene una extensión de 2540 palabras, y en todo él no hay ni un solo gerundio, es decir, el porcentaje es 0 %.
En las 115 palabras que tiene el párrafo inicial de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, hay 1 único gerundio, es decir, el porcentaje no llega al 1 %.
Por último, he seleccionado un texto teatral, La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, y, en particular, sus dos fragmentos más conocidos, los monólogos de Segismundo, y he podido ver que en sus 528 palabras hay 11 gerundios, es decir, el porcentaje es poco más del 2 %.
Tengo ya, como puedes ver, una referencia más o menos válida de cuál es la proporción aceptable de gerundios en un texto, e, incluso, me he hecho con un dato tan significativo como es que podemos escribir un texto sin recurrir en ningún momento al gerundio. Puedes usarla ahora para saber si en tus textos estás incluyendo más gerundios de los debidos. Sigue estos pasos:
Cuenta los gerundios que hayas usado en un texto y el total de palabras del texto, divide el primer número entre el segundo y multiplícalo por cien: el resultado es el porcentaje de gerundios que tiene ese texto. No es necesario que uses un texto entero, sino que puede ser un fragmento de unas 400 palabras.
Una manera de localizar los gerundios es buscar las cadenas de caracteres “ando”, “iendo” y “yendo”, ya que todos los gerundios terminan de una de estas tres maneras. De las palabras que encuentres, tendrás que descartar las que no sean gerundios, como las ocurrencias del adverbio cuando y del pronombre cuándo y las de algunos sustantivos (por ejemplo, bando) y formas verbales (por ejemplo, entiendo) que, sin ser gerundios, terminan igual.
Si el porcentaje que has obtenido es superior a 3, estás, casi seguro, abusando de los gerundios o usándolos de manera incorrecta, o ambas cosas, y deberás proceder a “desgerundizar” el texto.
Si el porcentaje está en torno al 1 o 2, puede ser que los estés usando correctamente, pero también puede ser que los pocos que estás usando, los estés usando mal. Convendrá que te asegures de no estar usando ninguno de manera indebida ni de, por ejemplo, haber puesto unos muy cerca de otros sin estar justificado.
Y si el porcentaje es 0, es decir, si no has usado ningún gerundio, ¡enhorabuena!: puedes tener la certeza de no estar cometiendo errores en su uso, y nadie te va a poder decir nada por no haberlos usado, ya que, como hemos visto, es perfectamente posible escribir textos sin recurrir a ellos.

¿Ya has hecho el test? ¿Estás poniendo demasiados gerundios? ¿No pones tantos, pero tienes dudas de estar usándolos correctamente? Voy a darte algunas indicaciones para que puedas asegurarte de no estar cometiendo ningún error en su uso.
Como ya he comentado, la normativa en relación al gerundio es bastante compleja, y, además, la corrección o no del uso de un gerundio en particular no depende únicamente de su adecuación a las normas gramaticales, sino que entran en juego también, por ejemplo, la duración de las acciones, estados, existencias, posesiones… a las que hagan referencia los verbos implicados.
Por tanto, lo que puedes hacer para asegurarte de manera más o menos sencilla de que tu texto no sufre de gerundismo es dejar únicamente aquellos gerundios de cuyo uso correcto no puedas dudar, y quitar todos los demás.
Para empezar, si ves que un gerundio forma parte de una perífrasis de gerundio, que son aquellas que se forman mediante un verbo auxiliar (estar, ir, venir, andar, llevar, permanecer, pasarse, seguir/continuar, quedarse, empezar/comenzar, acabar/terminar…) y un gerundio, puedes tener la certeza de que su uso es correcto, y, por tanto, mantenerlo en el texto. Un gerundio formará parte de una perífrasis cuando sea él el que esté indicando la única acción que lleva a cabo el sujeto.
Por ejemplo, en la frase…
Se ha pasado toda la noche mirando por el telescopio.
… los verbos se ha pasado y mirando forman una perífrasis de gerundio, ya que no es el verbo en forma personal (“se ha pasado”) el que indica la acción del sujeto, sino el gerundio (“mirando”), es decir, el sujeto no ha estado pasándose por ningún sitio, sino que ha estado mirando algo.
En cambio, en la frase…
Ha pasado por el puente dándole patadas a un balón.
… los verbos ha pasado y dándole no forman una perífrasis, ya que cada uno indica una acción (el sujeto ha pasado por el puente y el sujeto le ha dado patadas a un balón).
Luego, puedes mantener también cualquier gerundio que, como parte de un complemento circunstancial de modo, se refiera a una acción que el sujeto esté llevando a cabo al mismo tiempo que lleva a cabo la que indique el verbo principal de la frase.
Por ejemplo, en la frase del último ejemplo…
Ha pasado por el puente dándole patadas a un balón.
… la acción de darle patadas al balón tiene lugar a la vez que la de pasar por el puente, y ambas las lleva a cabo el mismo sujeto, y, por tanto, este gerundio también podrías mantenerlo, por más que no forme parte de una perífrasis verbal.
Para que este uso sea correcto, ambas acciones, tanto la indicada por el verbo principal de la frase como la indicada por el gerundio, deberán tener la misma extensión en el tiempo.
Por ejemplo, en la frase…
Ha pasado por el puente deteniéndose en el medio a tomar una foto del paisaje.
… el gerundio chirría, puesto que la acción de tomar la foto no es tanto simultánea a la acción de pasar el puente, sino, más bien, puntual.
También, para que podamos dar este uso por válido, el gerundio ha de aparecer tras el verbo principal. Si aparece antes, se interpretará con un sentido distinto al pretendido, y podría chirríar o resultar ambiguo. Fíjate: si yo escribo…
Llegó corriendo.
… la acción de correr se interpreta como simultánea a la acción de llegar. En cambio, si escribo…
Corriendo, llegó.
… la acción de correr ya no se interpreta unívocamente como simultánea, sino, quizás, como anterior: la carrera es la causa de la llegada: fue gracias a que corrió, que esta persona llegó.
Por último, hay ciertos casos en los que está aceptado el uso del gerundio como adjetivo. Los dos más frecuentes son hirviendo (“agua hirviendo”) y ardiendo (“árbol ardiendo”). Si en tu texto has recurrido a ellos, los puedes dejar.
El resto de gerundios que pueda tener el texto, quítalos. Para ello, te bastará con reescribir en cada caso la parte correspondiente de la frase.
Por ejemplo, si te ha quedado el gerundio de la frase…
Le quitó la bicicleta a uno de los partipantes, huyendo en ella.
… (no lo habrás podido mantener porque la acción de huir no es simultánea a la acción de quitarle la bicicleta al participante, sino posterior), lo puedes eliminar reescribiendo la frase así:
Le quitó la bicicleta a uno de los participantes y huyó en ella.
Para acabar, deberás asegurarte de que los gerundios que hayas mantenido no estén situados unos muy cerca de otros, y, en particular, que no haya varios en una misma frase (a menos que esté justificado); así su presencia no distraerá durante la lectura. Para quitar los que necesites, te bastará, de nuevo, con reescribir en cada caso la parte correspondiente de la frase.
Con esto serás ya inmune al virus del gerundismo.
Bueno, pues hasta aquí este artículo.
¡A seguir escribiendo!

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