Un poco de alegría…

Víctor Fowler.-

Un poco de alegría...

Un poco de alegría…

Van escapando los días, arriba el fin de año, hemos discutido mil cosas y siento que hay mil alegrías que hubiese deseado compartir (no lo hice, no lo hice). Me hace pensar, cuestionar(me), para qué sirve este nuevo universo de la comunicación virtual y qué hago con/él. La cuestión es tan sencilla como calcular el tipo de persona que soy y así caer en la cuenta de que -si no puedo compartir mi alegría de lector, espectador en las pantallas de cine o televisión, oyente de música, imantado por la tecnología o simple paseante callejero- entonces esto no me sirve para nada o termina por aburrir.

Agracederé siempre la hermosa oportunidad de asistir a un momento bello que (nos) regaló Alejandro Zamora, organizador principal de la exhibición que -hace algunas semanas, el 14 de noviembre de 2018- tuvo lugar en la Biblioteca Nacional “José Martí” para homenajear la historia del hip-hop cubano. Zamora y Jorge Luis Montesinos, el curador de la muestra, fueron más allá de las expectativas y dedicaron espacio no sólo a los músicos, sino a la tecnología que posibilitó (para los de mi edad) el consumo de esa música “americana” que, por entonces, era de una peligrosa alternatividad.

Como los enlaces se producen en medio de sorpresas, apenas unos días más tarde (el 25 de noviembre) asistimos (Zamora y yo) a la presentación de la revista electrónica “El Arca” en la Fundación Ludwig de Cuba. La presentación fue parte del ciclo “Revistas de cabecera”, en el cual van a tener la oportunidad de primer plano todas las publicaciones de este tipo que -desde hace unos tres años- vienen apareciendo en esa enorme cápsula de informaciones semanales que es el llamado “paquete”. En esta ocasión la publicación electrónica se titula “El Arca” y se define como “revista cubana sobre animales”, “publicación educativa, de entretenimiento y de divulgación científica que se edita en Cuba por, para y desde los amantes del Reino Animal, especialmente de los animales de compañía”.

La presentación, prometida para las seis de la tarde, comienza con más de una hora de tardanza y demora luego casi dos porque resulta un éxito espectacular; las preguntas se multiplican, el mundo de los animales teje lazos con la sociedad y las respuestas abren intereses y cuestionamientos nuevos en los pocos asistentes. Somos testigos de esa maravilla de la comunicación y la cultura que es el arte de hacer publicaciones periódicas; en este caso, el nacimiento, desarrollo, escollos, éxitos y sueños de una revista temática.

Pero si esto es maravilla, mejor aún es el hecho de que -dentro de la variedad de ofertas para consumo cultural de que es portador el llamado “paquete”- se encuentran ya (hasta donde he podido coleccionarlas) 22 revistas en formato PDF. Estas publicaciones, ninguna de las cuales tiene ni reconocimiento ni circulación oficial, abarcan temas tan diversos como los animales, el cine, la farándula, el mundo del deporte, los tatuajes, las quinceañeras y la moda.

Por cierto que, no hay palabras con las que agradecer el enorme trabajo/esfuerzo de la Fundación Ludwig para acercarse, estudiar y dar visibilidad a estos fenómenos nuevos de la producción y el consumo cultural en Cuba. Días antes habían acogido a una investigadora, procedente de la Universidad de Oriente, quien ofreció una charla a partir de su trabajo de tesis, dedicado a los fanzines de rock en el país. Pude ver imágenes de algunos de estos fanzines, comprobar la cantidad enorme de información que contienen y convencerme de que -visitando todas estas fuentes que hoy apenas tomamos en cuenta- es tan necesario como posible reescribir la historia cultural del país.

A la semana siguiente, esta vez en el Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, estuve durante la presentación de las publicaciones: “Miradas sociológicas a la Educación en Cuba”, compilado por Yisel Rivero Baxter; “De lo superficial a lo esencial. Lo comunitario en prácticas culturales”, de un colectivo de autores; “Cartografía de las instalaciones culturales”, de Hamlet López García; y el “Anuario” de la institución.

De los trabajos que leí del “Anuario” dos me interesaron de manera particular: “Cuba: la mala hora del trotskismo”, de Frank García Hernández y “El Congreso olvidado”, de Rafael Acosta de Arriba.

La “Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí” fue dedicada (No. 1, enero-junio de 2018) al tema “1898: una intervención; una interrupción”. Del conjunto de textos que allí aparecen, ninguno tan cargado de sugerencias y potencialidades para investigaciones futuras, como “Los países latinoamericanos, la Guerra de Independencia de Cuba y la intervención de Estados Unidos”, de Sergio Guerra Vilaboy. ¡Muy bien!

Gracias a los buenos oficios de mi hija, Karen, conocí -en la Fundación Ludwig- a dos jóvenes escritores (¡muy jóvenes!) de la ciudad de Medellín, ambos con hermosos proyectos culturales. Santiago Rodas, editor de la revista de poesía e ilustraciones, “Gris”. Los poemas del dominicano Frank Báez son un puñetero puñetazo en la cabeza. ¡Dios mío, qué tronco de poeta! El primer número de la publicación termina con un dibujo simpático al tiempo que profundo; allí, un personaje encapuchado advierte al dibujante que “¡El arte es inútil!” a lo cual este responde: “¡pero sabroso!” Por su parte, Wendy Vera, es parte de la dirección de “Entrecruzados”, hermosa y humilde revista que se define como “hojas de papel entintadas de cultura e impregnadas de inspiración que invita a soñadores como vos y como yo a atreverse.”

La llegada de esta edición 40 del Festival Internacional del Nuevo Cine me dió la oportunidad de presentar la compilación del homenaje a Julio García Espinosa que, hace ya dos años, fue organizado en la Casa del Festival. En aquella ocasión fui invitado a ser parte de una de las mesas y a presentar el libro en esta. Gracias a Lola, al Festival y a Julio, quien siempre está aquí. Vale la pena este pequeño volumen lleno de cariño. En la presentación compartí con Manolito Herrera, quien ha hecho un documental de homenaje a Julio, documental que tengo enormes deseos de ver.

También durante estos días de Festival volví a conversar con Bernadette Wegenstein, profesora de John Hopkins University, quien tuvo la gentileza de obsequiarme sus libros “Getting under the skin. Body and Media theory” y “The cosmetic gaze. Body modification and the construction of beauty.” Además de esto, sumó uno de sus más recientes artículos “Agatha’s breasts on a plate: “Ugliness” as resistance and queerness,” texto que forma parte de un volumen cuyo título es tentación en estado puro y que aspiro a leer en la primera oportunidad: “On the politics of ugliness.”

La Biblioteca Nacional presentó la exposición “Selma: 1965-2018”, trabajo colaborativo que reúne fotos del fotorreportero “Spider” Martin (realizadas en ocasión de la célebre marcha de Selma a Montgomery encabezada por Martin Luther King, en 1965); así como las hechas hoy, en el mismo lugar, por los artistas Julio Larramendi y Karen Graffeo. El catálogo es excelente.

Finalmente, el día 19 de diciembre (¡felicidades siempre, San Joseíto Lezama!) debo de estar en la mesa de presentación del volumen “Circunstancias de un poeta: Roberto Fernández Retamar”, del argentino Sergio Marelli, en la Casa de las Américas. Este grueso volumen, que hay que agradecer (a la vez que lamentar la increíble morosidad o ceguera de las editoriales cubanas para no haberlo hecho ellas antes), viene acompañado de un documental-entrevista.

Vi películas interesantes como “El Papa Francisco: un hombre de palabra”, de Win Wenders; “Palo Alto”, de Gia Coppola; “Bezbog”, de Ralitza Petrova y “BlackKKlansman”, de Spike Lee. Laidi Fernández me prestó la 6ta. temporada de esa joya que es “Seinfeld”, serie que ambos desaríamos (junto con “Monk”) tener completa. Continué traduciendo chistes para el pequeño volumen sobre el humor que he comprometido con Ediciones Loynaz, de Pinar del Río. En esta línea, he disfrutado desde eruditas investigaciones (como las compiladas por Guy Hassal en “Humour, history and politics in Late Antiquity and the Early Middle Ages”), inteligentes y muy interesantes investigaciones como las de David Gillota en su “Ethnic humor in multiethnic America,” hasta ese artículo único, verdadera lección de ironía y latigazo ético, que es “How to Write about Africa”, del kenyano Binyavanga Wainaina. Y, claro que, miles de chistes.

Sin embargo, el descubrimiento más grande fue “What you gonna do when the World’s on fire”, el impresionante documental de Roberto Mivervini. Me aplastó esa obra enorme de Minervini. Tuve el privilegio de presentarlo, durante la master-class que ofreció en el recién concluído Festival Internacional del Nuevo Cine y, más que eso, la posibilidad única de quedar conversando con él y con su esposa. Dios me protege cuando me da la posibilidad de conocer a personas de tan profunda calidad humana y artistas tan auténticos.

Y sigo leyendo a los Padres del Desierto. De todas las anécdotas, mi favorita es esta que sigue, del abad Macario:

“”Un día, el abad Macario volvía del pantano a su celda llevando palmas. Y salió a su encuentro el diablo con una guadaña. Intentó herirlo con la guadaña pero no pudo. Y entonces le dijo: «Macario, sufro mucho por tu causa, porque no te puedo vencer. Hago todo lo que tú haces: tú ayunas y yo no como; tú vela s y yo no duermo nunca. Sólo hay una cosa en la que tú me superas». «¿Cuál es?», le preguntó el Abad Macario. Y el demonio le respondió: «Tu humildad, que me impide el que pueda vencerte».”

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