Valiente Tula

Valiente Tula

Valiente Tula

Yolanda Ferrer.- Nunca olvidó Gertrudis Gómez de Avellaneda su querida Isla de Cuba ni su Puerto del Príncipe, actual Ciudad de Camagüey.

Su amor por la región donde vio la luz primera, es correspondido por los lugareños de múltiples maneras, entre ellas la reapertura del hermoso Teatro que lleva su apellido, en el centro histórico urbano de la capital agramontina y la ubicación de una escultura que perpetúa su memoria.

Sufrió, sí que sufrió esta mujer que supo enfrentarse de igual a igual, a la prepotencia masculina y a la cruel crítica femenina en la época que le tocó vivir. Amó intensamente. Supo del desprecio de amantes y del dolor que ocasiona perder una hija. Recibió estoicamente la decisión de varones poderosos de no dejarla ocupar como bien merecía, un escaño en la Real Academia de la Lengua Española.

Nunca renuncié a buscar datos de su tránsito por este mundo, en documentos y en la tenaz y respetuosa obra de quienes se dedicaron a desentrañarle a la vida sucedidos relacionados con ella:

Un 23 de marzo, pero de 1814, la villa principeña tuvo el privilegio de tenerla como una de sus más preclaras hijas. Años después sería la escritora femenina en la lengua española más relevante del siglo XIX.

Entre los hechos rescatados gracias a la acción generosa de estudiosos, se encuentran los relacionados con el inmueble que -hasta el presente-, se considera como su Casa Natal, en la actual calle de Avellaneda marcada con el número 67, antes San Juan o de Las Carreras número 4.

Construida por Juan Rodríguez, era en sus inicios de madera, cobijada con tejas. Sus tapias eran de cal y ladrillo, todo producto del laboreo de su propietario, perteneciente quizás a la descendencia de los esclavos de doña María de la Soledad Rodríguez, dueña del solar –desde marzo de 1794- donde se levantó la modesta vivienda, una vez que la dueña le dejara a Juan en herencia el sitio.

Por su excelente ubicación en la villa, esta vivienda atrajo la atención del Comandante de la Marina, don Manuel Gómez de Avellaneda y Gil de Taboada, natural de Sevilla –España- y llegado a la villa principeña entre 1801 y 1802, para realizar funciones relacionadas con puertos y embarcaderos. En 1811 cuando tenía 37 años, contrajo matrimonio con la lugareña Francisca María Arteaga Betancourt, de sólo 16. Desconocían, claro está, que pasarían a la posteridad como los padres de la personalidad literaria femenina más relevante de las letras hispanas en el siglo XIX.

Gómez de Avellaneda atendió la propuesta de venta por el mestizo Pedro Rodríguez de la casa, ubicada en una de las principales zonas de la comarca, en la barriada de La Soledad. Ello ocurrió el 24 de diciembre de 1814 y con las condiciones impuestas por don Manuel de construirle una puerta nueva y un colgadizo.

Paulatinamente, la vivienda se fue transformando y ya en 1882 se le habían sustituido sus balaustradas de madera por rejas de hierro. También cambió su numeración en varias ocasiones: primero 1185…después 22 y por último –en 1939- la definitiva placa 67.

Un hecho sumamente curioso es que la Tarja de Mármol que se aprecia en la fachada de la hermosa casona –realizada en 1873 a raíz del fallecimiento de La Tula en España- fue objeto de una lamentable decisión por parte del entonces propietario, quien no permitió su instalación. Tuvieron que interceder notables del territorio, como Enrique José Varona –quien llevó el asunto ante el Ayuntamiento- para que al fin pudiera empotrarse en el sitio donde actualmente se halla y en la cual puede leerse: “Aquí nació y vivió Gertrudis Gómez de Avellaneda. 1814-1873.”

Otro detalle que sale a la luz gracias a estudiosos de la vida de la eximia escritora camagüeyana, es la contradicción existente entre la fecha de su nacimiento y la de adquisición por don Manuel del inmueble considerado como su casa natal. Si éste compró la casa –según la fecha oficial de la transacción- el 24 de diciembre de 1814, cuando La Peregrina tenía 9 meses de nacida, entonces es justo preguntarse si realmente fue allí donde vio la luz primera o si fue en otro sitio. Una interrogante a la cual resulta prácticamente imposible ya dar correcta respuesta.

Lo anterior no obvia la riqueza patrimonial de la casona de San Juan 22, donde transcurrió la infancia y adolescencia de Gertrudis. También de donde partió hacia España a los 22 años para, desde allí, brindarle a su querida y nunca olvidada Cuba el tesoro de su talento literario.

Share

Deja un comentario