Santo Domingo (PL).- Este 2007 que agoniza fue duro para República Dominicana, azotada por dos ciclones, sendos brotes de leptospirosis y dengue; y batida por el salvaje aumento de los precios del combustible.
Con una inflación galopante y los precios de la canasta básica por el cielo, entendiendo como tal el infinito, los dominicanos terminan este año en la incertidumbre de lo que puede depararles el próximo.
Indicios del malestar popular eclosionaron en el tórrido julio, con una huelga general convocada por el Foro Social Alternativo (FAS), una agrupación de organizaciones gremiales, sociales y comunitarias.
El llamado de alerta fue desoído por el gobierno y allanó el camino para un segundo paro de 24 horas a principios de octubre.
Los esfuerzos de última hora del gobierno y el presidente Leonel Fernández para evitar la demostración cayeron en saco roto, pues los transportistas públicos acataron la convocatoria y garantizaron la
paralización de diversas actividades.
Aún fresca la protesta, a fines de octubre, este país se vio convulsionado por el paso de una tormenta tropical que llegaría a llamarse el huracan Noel y cuyos embates fueron catastróficos.
Las estadísticas oficiales ubican en 89 la cifra de muertos y en miles de millones de pesos las pérdidas materiales por el paso del fenómeno, cuya irrupción fue sorpresiva por carecer de aviso previo del ente
ncargado de esos menesteres.
Todavía a fines de año los medios oficiales se abstenían de proporcionar información clara sobre el destino de las 46 personas que se afirma desaprecieron en medio de la vorágine de agua y vientos de Noel.
El mandatario dominicano, en alocución por una cadena nacional de radio y televisiónm, describió el azote de la tormenta como la mayor calamidad sufrida por este país desde que existe memoria escrita.
Miles de personas perdieron sus bienes, muchos de ellos incluso sus precarias viviendas en zonas próximas a ríos y cañadas y tuvieron que refugiarse en albergues de emergencia o con amigos y familiares.
Esos damnificados se sumaron al vasto segmento poblacional más desfavorecido de una sociedad en la cual la pequeña burguesía está amenazada de extinción como clase debido a los inmensos costos de la vida
cotidiana.
El cuadro se complicó más aún desde mediados de año cuando los precios del hidrocarburo se desbocaron y llegaron, en el fatídico octubre, a frisar la barrera sicológica de los 100 dólares por barril.
La crisis llevó al gobierno a adoptar un austero plan de emergencia para el ahorro energético que, por paradójico que parezca, ayudó al mandatario en sus aspiraciones a reelegirse en los próximos comicios.
En el esquema, anunciado por Fernández, aparece la adquisición por el estado de las acciones de la transnacional petrolera Shell en la Refinería Nacional, una demanda de sectores populares.
Aún cuando el mandatario eludió presentar el tema como urticante, sí dejó en claro que los intereses de la Shell y del estado dominicano no siempre coinciden de manera armónica.
La causa de la desarmonía son los 50 mil barriles diarios de petróleo que Venezuela vende a Quisqueya en condiciones blandas de financiamiento a través del acuerdo PetroCaribe justo cuando este país más lo
necesita.
El impacto de la decisión fue inmediato: la popularidad de Fernández ascendió de forma sustancial y a fines de noviembre mostraba un 50 por ciento de aceptación popular, 15 puntos por encima de su más cercano
rival, según una encuesta nacional.
Así, entre ciclones, plagas y soluciones a corto plazo, termina 2007 para los dominicanos, expectantes de lo que pueda reservarles el año próximo, para el cual el paisaje planetario se muestra sombrío.
*El autor es Corresponsal de Prensa Latina en República Dominicana.