
Editorial
No es justo alegrarnos por la captura de una cabeza que ha provocado tanto dolor y tanto derramamiento de sangre. La alegría no cabe. No puede caber. La alegría banaliza el sufrimiento del pueblo venezolano, incluso cuando ese sufrimiento ha sido causado por quien hoy cae.
Pero sí cabe el alivio. Y sí cabe una celebración sobria, contenida, digamos, silenciosa: la de saber que, gracias a Dios, se detendrán las muertes anónimas, las torturas infligidas a personas inocentes, el castigo brutal contra quienes solo tuvieron una opinión distinta y el anhelo legítimo de una patria libre.
No más crímenes cometidos en nombre de ideologías que prometieron redención y solo dejaron una estela de sangre, empapada en miedo. No más violencia justificada con palabras propagandísticas y frases grandilocuentes que nunca alimentaron al pueblo ni lo hicieron más digno. No más sangre derramada para sostener un poder que ya no representaba a nadie, salvo a sí mismo.
Se acabaron los bailecitos, los pujos repugnantes y las guaracheras.
Que se haga justicia. Justicia completa. Que pague él y que paguen sus cómplices. Que respondan no sólo por lo que hicieron, sino por lo que permitieron. Y que devuelvan al patrimonio venezolano todo lo que fue saqueado, mientras el pueblo resistía entre el hambre, el exilio y la imposición del silencio.
Aquí hay algo que no se puede pasar por alto: le respetaron la vida.
No terminó como otros dictadores. No hubo ejecución extrajudicial. No hubo venganza ni terror. Eso, incluso para quien tanto daño causó, es una lección moral que pesa más que cualquier bala.
Ojalá lo entienda. Ojalá, al menos, tenga la lucidez -y la vergüenza- de darse con un ladrillo en el pecho -no para castigarse, sino para reconocer- que lo que hoy ocurre no es una injusticia, sino el límite que la historia pone cuando un poder se vuelve infame.
La justicia verdadera no es humillación. Es restitución. Memoria. Reparación.
Que gobiernen en Venezuela quienes fueron aprobados por la mayoría del pueblo.
Sin imposiciones. Sin trampas. Sin represión. Sin miedo.
Eso -y solo eso- es justicia.
Consejo de Redacción de Akeru Noticias.
Completamente de acuerdo. Excelente análisis. Que triunfe la justicia y el pueblo pueda respirar y vivir dignamente.
Me gustaMe gusta