Hay diplomáticos que se quedan en el protocolo, y luego están los «perros viejos» como Mike Hammer. Hammer no anda jugando; es un hombre valiente que ha sabido quitarse el traje para ganarse, con respeto y cercanía, el afecto de la gente de a pie. Su estilo no es de oficina, es de empolvarse los zapatos.
Hoy en Akerunoticias, tenemos el placer de abrir espacio a una firma de lujo: el periodista y caricaturista Omar Rosa. Omar nos entrega un texto agudo y necesario sobre la figura de Hammer, un análisis que nos parece el más apropiado para entender por qué este diplomático está marcando la diferencia. (R.W.)

Omar Rosa
En medio de la penuria y la asfixia de un pueblo que busca, con desesperación y fe, el aire de la libertad, surge una figura que rompe los esquemas del protocolo frío: el señor Mike Hammer.
El diplomático estadounidense no se ha quedado tras los muros de una oficina. Con un tesón admirable, ha hecho de su labor en Cuba una misión humanitaria de cercanía. Hammer ha llevado un hálito de esperanza directamente a los bohíos, a las chozas y a los barrios donde el sufrimiento del cubano se toca con las manos.
Su recorrido del Oriente a Occidente de Cuba, no ha sido un paseo diplomático; ha sido un ejercicio de escucha activa, hablando cara a cara con hombres y mujeres sobre sus problemas reales. Todo esto mientras sortea, con temple de acero, los ataques sistemáticos y el acoso de las brigadas de respuesta rápida que no dan tregua a quien se atreve a ser solidario.
Ver al honorable embajador Mike Hammer en acción es comprender que la diplomacia, cuando se ejerce con valores, puede transformarse en un verdadero sacerdocio. En los caminos de Cuba, Hammer no solo deja una huella política, deja una semilla de dignidad que el pueblo cubano, glorioso y sufrido, sabrá agradecer.

Me encanto.Gracias
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