A veces, en el silencio del mar, me detengo a mirar el tablero de mi país. No lo hago como periodista, sino como cubana. Y me pregunto: ¿en qué momento el poder se volvió más importante que la vida?. Hoy, mientras los titulares hablan de transiciones, barcos rusos y desmentidos de negociaciones, yo solo puedo pensar en el rostro de la desesperación.

Raysa White
El Giro Abrupto: De la Diplomacia a la Bota
La estrategia del gobierno cubano ha cambiado abruptamente. Hasta hace unos días, intentaban vendernos con firmeza el “cambio fraude”, proyectando una imagen de orden y sucesión legal. De repente, han regresado a su estilo natural: la acción brutal bajo una lógica de supervivencia de guerra.
Me refiero a la reciente intervención del Ministerio del Interior (MININT) y la Seguridad del Estado en el puerto de Santiago de Cuba. Desplazaron al personal civil para confiscar de facto la ayuda humanitaria enviada desde los EE. UU., que debía ser distribuida por instituciones eclesiásticas. Eran medicinas, era comida, era esperanza para los más humildes. Y se lo llevaron.
Con este acto, el aparato de fuerza envía un mensaje claro: el control del recurso físico está por encima de cualquier compromiso diplomático. Al confiscar esta ayuda, el régimen acaba de dinamitar su propia mesa de negociación. Washington, con Mike Hammer y Marco Rubio a la cabeza, ya lo había advertido: «Si roban la ayuda, habrá consecuencias».
El «Salvavidas» Envenenado de Moscú
En medio de esta intríngulis, la televisión oficialista intenta borrar el rastro del maquillaje civil, calificando las supuestas negociaciones de «ilusión óptica», mientras un Díaz-Canel envalentonado asegura que no habrá liberaciones de presos. ¿Qué ha ocurrido para este cambio de postura?.
La respuesta está en el «teléfono rojo» con Moscú. Rusia ha declarado el envío de petróleo y derivados como «ayuda humanitaria». Pero no se engañen: es un salvavidas envenenado. Putin no actúa por solidaridad, sino para marcar territorio ante la política de «Máxima Presión» de Trump. Rusia necesita que Cuba siga siendo una pieza útil para negociar otros frentes, como Ucrania. El mensaje al Norte es: «Trump, si quieres Cuba, tienes que hablar conmigo primero».
El Factor Alejandro Castro
Este terremoto geopolítico plantea una segunda Guerra Fría donde Cuba vuelve a ser moneda de cambio. ¿Quién hizo la llamada? Todo apunta a Raúl o a su hijo, Alejandro Castro Espín.
Alejandro surge como el nombre clave porque es quien controla la contrainteligencia necesaria para garantizar que la familia no sea ajustada durante el proceso. Según analistas como Carlos Ruckauf, el giro es dramático: la gran duda es si Trump aceptará a un Castro como interlocutor si eso significa sacar a rusos y chinos de la isla definitivamente.
Y aquí asoma la adicción diabólica al Poder. El régimen intenta jugar a dos bandas: pide oxígeno a Putin para «romper el bloqueo» mientras intenta venderle a Trump una «transición controlada». Pero la realidad no está en los despachos de México, sino en la bota que pisa el terreno, como en Santiago de Cuba.
Les pregunto directamente a ellos: ¿Por qué seguir causando tanto sufrimiento innecesario?. Si ya tienen sus cuentas, sus joyas y sus planes de escape, ¿por qué dejar una huella de crueldad tan profunda en el alma de un pueblo que ya no puede más?. Se les da la oportunidad de salir para evitar un baño de sangre y, aun así, prefieren robarle la aspirina a un anciano.
He llegado a la conclusión de que para ustedes, el «poder» es una adicción más diabólica que cualquier sustancia tóxica. No es cuestión de ideología; es el placer oscuro de controlar hasta el último suspiro del prójimo. Se van a ir, sí, pero quieren apagar la luz antes de salir.
Hay algo que no deben ignorar, y se los digo con una convicción que nunca antes había sentido: el final de este juego no puede estar más claro. Ustedes aún conservan los alfiles, pero el pueblo cubano -ese pueblo que sufre en silencio- ya les ha dado el ‘Jaque’. Solo falta que tengan la mínima decencia de retirarse antes de que la historia los termine de borrar.
