Y en esa imaginación de poeta, que algunos me reprochan, cuando hago periodismo ¿no pudo haber ocurrido que el nieto haya susurrado al oído del general: «Abuelo, déjame hablar a mí». Quizás esa frase se ha convertido en la última y mejor jugada de política exterior ejercida desde la Isla.

Raysa White

A lo largo de los años, como buena observadora, me he dado cuenta que el amor entre abuelos y nietos es más fuerte -no digo más grande- que el de hijos y padres; y siento que esto ocurre porque se introduce el elemento piedad. Quizás no sea esta la palabra adecuada, pero si he notado que a ese amor lo enriquece cierta dosis de devoción.

Por qué hablo de esto.

Reportes recientes confirman que un canal directo y «sorprendentemente amable» se ha abierto entre Marco Rubio y el nieto de Raúl Castro. Y raro, que haya sido Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, una pieza que para muchos ni pincha ni corta, la llave forjada en el acero del afecto familiar, la que hoy parece mover las cerraduras más oxidadas del poder.

Y en esa imaginación de poeta, que algunos me reprochan, cuando hago periodismo ¿no pudo haber ocurrido que el nieto haya susurrado al oído del general –«Abuelo, déjame hablar a mí»-. Quizás esa frase se ha convertido en la última y mejor jugada de política exterior ejercida desde la Isla.

Lo real es que ocurrió.

Si es El Cangrejo quien está en la línea con Rubio, estamos ante una negociación de búnker. Washington no está hablando con un político de carrera, sino con el custodio del legado. Y me pregunto porque se ha dado esta conversación entre ellos, por demás amable.

Podríamos llamarle la Química de la Necesidad, pero vamos al caso.

En principio, tienen intereses compartidos. Ambos  entienden el lenguaje del capital. Washington ve en Raúl Guillermo, a alguien con una mentalidad más pragmática y empresarial, lejos del dogma comunista que tiene a la isla sin combustible.

Pero, sobre todo, porque el Cangrejo es quien sostiene el brazo de un abuelo de 94 años que se niega a soltar el timón en medio de una asfixia total. Su prioridad es salvar a su abuelo, a toda costa y, por supuesto, sus caudalosos activos y los de sus familiares, garantizando la seguridad de su sangre ante un colapso inminente.

No perdamos de vista que esta negociación ocurre en un momento de quiebre biológico para el régimen. Con la reciente desaparición del sanguinario e intransigente Ramiro Valdés, quien habría preferido ver la Isla hundiéndose en el mar antes que un cambio, la «vieja guardia» se desmorona. Ya se respira un aire diferente, sin esos carceleros de la ortodoxia vigilando cada movimiento del búnker.

La Estrategia de la Asfixia funcionó. La administración Trump ha llevado a Cuba a la Hora Cero. Con el bloqueo energético total y la captura de figuras clave como Maduro en Venezuela, el régimen se ha quedado sin opciones. ¿No es mejor relajar?

¿Liberación de presos políticos? Y por qué no. ¿Pluripartidismo? Pero acabáramos. ¿Elecciones en agosto? Ni que me lo hubieras pintado.

¿Valdría eso más de lo que él perdería? No cabe dudas de que El Cangrejo ha saltado como uno de los principales puntos de fracción interna dentro del poder.

Es probable que entienda que lo más juicioso es ir hacia un Acomodamiento B2B, una entrega suave y controlada para evitar una guerra civil o un éxodo masivo que Trump no está dispuesto a tolerar.

¿No crees que en lugar de buscar figuras autoritarias desgastadas, lo mejor para Cuba sería configurar un Consejo de Transición? Un cuerpo de gobierno diverso que lleve el proceso por consenso hasta que las condiciones maduren. Suena hermoso para un pueblo que ha resistido tanto, incluso daría tiempo a escribir una nueva Constitución donde participen ideas diferentes.

¿No te suena bonito?

Una vez que esto se acuerde y se converse directo con el abuelo, ¿qué pudiera pasar? Muchos pensarán que hasta nuestra Cachita ha puesto su mano. Y, conociendo la fe de mi pueblo, yo no lo dudaría.

Raysa White, escritora y periodista.