Mientras escribía estas líneas, el lunes 2 de febrero, el destino de Cuba se estaba decidiendo a puerta cerrada. Fuentes de alta credibilidad confirman que en ese momento se producía una reunión secreta definitiva en territorio mexicano para concertar los detalles técnicos del acuerdo de rendición.

Raysa White
Esta cita ocurre apenas unas horas después de que, el domingo, el presidente Donald Trump rompiera el silencio confirmando los contactos directos, y fijando la postura de la Casa Blanca con una frase demoledora: «Estamos hablando con los más altos responsables de Cuba. Creo que vamos a llegar a un acuerdo… Cuba volverá a ser libre».
La expectativa en Washington es de una «aceptación pragmática, pero sin concesiones».
Trump no busca un «deshielo» al estilo de 2014, sino un trato de rendición. Para Trump, el hecho de que La Habana ofrezca desmantelar bases chinas no es un «regalo», sino la prueba de que su estrategia de Emergencia Nacional y aranceles petroleros ha funcionado.
Washington acepta el diálogo no porque confíe en Díaz-Canel, sino porque ve la oportunidad de expulsar a China del Caribe sin disparar un solo tiro. Sin embargo, la Casa Blanca mantiene el dedo en el gatillo: si para el 15 de febrero no hay señales de apertura política real (por ejemplo, liberación de presos), el acuerdo se cae.
Cuál es la realidad. Díaz-Canel pidió apoyo internacional, pero el aislamiento de La Habana es absoluto. El miedo se apoderó del Palacio de la Revolución tras la claudicación de Nicaragua el pasado 13 de enero. Con el eje Caracas-Managua desmantelado -tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero-, nuestra nación ha perdido sus pulmones regionales y, yo diría que, su última ruta de escape logístico. Esta orfandad política es la que ha sentado hoy a los generales en la mesa de negociación, sin más variables para jugar, que la entrega de activos soberanos.
La oferta cubana es radical: para obtener oxígeno de Washington, La Habana ha puesto en venta su soberanía militar:
Se negocia el desmantelamiento inmediato de las estaciones de monitoreo electrónico chinas, una oferta que ya ha provocado represalias de Pekín en el sistema energético cubano.
¿Y piensas que el gobierno mexicano, ha actuado como mediador por filantropía? Según la información que tenemos, se proyecta como el gran beneficiario con cerca de 40 mil millones de dólares en contratos de reconstrucción e infraestructura, si la cosa se da, convirtiéndose en el administrador logístico de la transición.
Hay otra rendición, la monetaria. Ese sería el golpe más simbólico. La propuesta de adopción del dólar estadounidense como moneda oficial. Pero esta medida, coordinada por la inteligencia tecnocrática de GAESA, busca frenar la hiperinflación y conectar la economía del país directamente con el sistema financiero de EE. UU.
Y ese es el precio que la cúpula estaría dispuesta a pagar para evitar que el «Día Cero» del 24 de febrero se convierta en su sentencia final.
Veamos ahora los Tres Escenarios del Abismo:
Escenario A: El Modelo de «Salida Pactada» (Tiene un 60% de probabilidad) Es el escenario que Trump parece favorecer en sus declaraciones del domingo cuando dijo: «hacer un trato». Transición gestionada, dolarización inmediata. La familia Castro se retira con inmunidad a un tercer país. EE. UU. levanta las sanciones energéticas para evitar una crisis humanitaria.
Escenario B: El Encausamiento Federal (Tiene un 30% de probabilidad) Este escenario se activa si la «línea dura» de Alejandro Castro bloquea el trato final.
Washington desclasifica las pruebas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero. Se emiten las órdenes de captura internacionales. Lo demás, ya está dicho.
Escenario C: El Estallido Social (Tiene un 10% de probabilidad) Pudiese ocurrir el riesgo si el «castigo de China» fuese más rápido que la burocracia de Washington. En otras palabras, si la falta de comida y luz venciese al miedo antes de que se firme el acuerdo, el 15 de febrero, provocando un colapso violento.
Un levantamiento popular descontrolado donde el ejército se divide, es el escenario que tanto La Habana como Washington quieren evitar, pero que el hambre y la oscuridad hacen cada vez más probable.
Hay un sólo reloj que no se detiene, y es el de la historia.
Con la confirmación de Donald Trump de que estamos hablando, el mito de la resistencia inamovible se ha quebrado. La Habana, en este ajedrez, ha rendido su dama, entregando a sus aliados de Oriente, y ahora aguarda, en una oscuridad literal y política, la respuesta final de la potencia del Norte. El 24 de febrero ya no será sólo una fecha patria; será el límite de una era.

Ante todo, te agradezco la posibilidad de leer esta información.
Llevo muchos días aislada orando por los cubanos de «a pie», de los que formo parte, conocedora de todas las escaseces y del recrudecimiento de algunas de ellas desde hace más de un año, cómo los fallecimientos a causa de las epidemias por la insanidad general en que se encuentra el país.
En mi opinión, la falta de recursos solo excusa, el abandono paulatino, ya prácticamente total de la población a su suerte.
La defensa de las llamadas conquistas de la Revolución dejaron de funcionar hace rato y esas conquistas, están bien deterioradas y distorsionadas.
No creo que el pueblo mayormente envejecido y acostumbrado a las técnicas masivas de persuasión y a las leyes cada vez más cohersitivas entre en acción.
Seguiré orando a Dios por su misericordia para que el pueblo no sea el eslabón por donde se parta finalmente este proceso porque también tengo excepticismo con la entrega pacífica del poder.
Y cuidado con las consecuencias de China si esto ocurre.
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Ojalá se confirme la primera opción y lo antes posible. Nuestros compatriotas en la Isla han sufrido demasiado y la situación hace tiempo es insoportable. Los cubanos en el exterior también hemos pagado demasiado por ese régimen vampiro que nos chupa la sangre a todos.
¡Viva Cuba libre!
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Totalmente de acuerdo, Joel Franz ¡Viva Cuba Libre!
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