¿Por qué ocultar la verdad? ¿Qué está pasando, realmente, para que México haya tenido que ofrecer públicamente su mediación en las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, y así maquillar conversaciones que ya ocurrieron?

Raysa White
EDITORIAL
Amigos, no se dejen confundir por el ruido oficial de estas últimas horas.
He recibido dos notas de prensa de agencias serias. Ahí está todo, para quien quiera ver. Mariela Castro grita que “no se negocia con el Imperio”, intentando calmar a los suyos, mientras el vicecanciller Cossío hace malabares verbales: admite que “hay mensajes”, pero niega que exista una “mesa”.
México, entonces, sale al ruedo como aliada fiel con una oferta de “ya pa’ qué”, tratando de blanquear una negociación en una mesa que ya estaba servida -y en secreto- desde hace rato.
¿Qué está pasando, realmente, para que México haya tenido que ofrecer públicamente su mediación y así maquillar conversaciones que ya ocurrieron? La respuesta es sencilla: las negociaciones existen. El propio Trump lo confirmó ayer. Y no son conversaciones menores; ocurren al más alto nivel.
El régimen intenta salvar su relato de “resistencia”, mientras dentro del país se libra una guerra silenciosa entre dos poderes. Cuando, por debajo de la mesa se está negociando todo, inclusive, hasta la moneda nacional.
Es una polarización irreconciliable: de un lado, la vieja guardia ideológica aferrada a su discurso anquilosado; del otro lado, generales de nueva generación que ya no negocian consignas, sino supervivencia.
Cuando un niño grita por leche y no hay con qué dársela; cuando la gente se desploma en la calle; cuando los virus y las epidemias, nacidos de la insalubridad, hacen presa de un pueblo entero… no se puede creer en dignidad con tarjetas de crédito.
El sainete vernáculo se les echó a perder. La verdad está a la vista.
Sigamos atentos, compatriotas, y oremos. Porque digan lo que digan y hagan lo que hagan, Cuba será libre, por la gracia de Dios.
