60 obras expuestas hasta el 30 de octubre en la Galería de Adrian Tropical.  

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Raysa White

 

Que las artes se enriquecen entre sí es una epímone. Pintura, fotografía, cine se han mixturizado de tal modo que las unas y el otro se contienen en los múltiples y complejos procesos experimentales de la creación. Después del cine, por ejemplo, el río de la pintura encontró un cauce estremecedor. La pintura usa del cine la esencia primaria de este: la fotografía. Muy pronto incorpora un efecto bien conocido: la cinética. Y todo sin unir un fotograma. El artista fuerza la imagen fija y consigue que se mueva, del mismo en que sin una palabra consiguió que esta hablase. Se trata de ganar el juego, el juego de la creatividad que como una fruición adictiva se problemática cada vez más.

 

La imagen digital -nieta de la fotografía y la pintura, y que aparece como desarrollo de la informática- rompe la estructura tradicional de la construcción visual. Digamos que, en principio, permite vectorizar la idea plástica, por otro lado ignora el concepto tiempo de modo que la continuidad deja de existir como configuración lineal, la mente debe adaptarse a un nuevo modo de descifrar la historia. Aparece una noción de transcribir el relato: la interactividad.

 

La imagen digital se halla dotada de poderosas herramientas donde lo real no tiene la menor significancia. Hoy día es lo irreal, lo simulado quien cobra fuerza en el lenguaje del arte; y esa irrealidad, que equivale en muchos casos a originalidad, cautiva a los exploradores del mundo pictórico.

En Fiesta…y mañana gallos Palmón extrapola un fragmento de la obra bajo la suposición de llamar la atención hacia este. Traza un recuadro y el efecto se consigue elevando el grado de intensidad de los colores. Como si dispusiera de filtros para aplicar efectos a las imágenes. Estos efectos se corresponden con el tratamiento de la imagen digital. Provoca una lectura dentro de otra lectura. Da la sensación de clicar con el Mouse para adentrarnos en un nuevo mundo, en un tema más detallado o en ampliación del tema.

 

Si a mano viene Palmón desconoce estos procesos pero es parte ellos, ya se hallan en su vida, en su acontecer del día a día y sin darse cuenta entra en el proceso lúdico: cada exposición un nuevo juego. Como si se planteara un reto va de un reto a otro. Se reta a si mismo. Se explora y trabaja en cada tramo como un boy scout en su perfil de campo.

 Sumirse en la travesura de lo experimental, en el juego calidoscópico de la combinación inesperada y gozarse en el encanto de la revelación,  es la lectura  -a mi modo de ver- de esta nueva serie.