Yo montaba en mi bicicleta vieja china de una sola velocidad, y subía pujando la empinada loma de 27 y K. Y la subía, lenta y fatigada, para lanzarme en vertiginosa bajada hasta llegar a casa, justo a tiempo para prender la radio y sumergirme en mi programa favorito: Esto no tiene nombre.
Raysa White
La primera vez que hicimos contacto, recuerdo que le dije: «Si supieras, Jaime, cuántas veces, tras esas noches de agotadores turnos de edición, -turnos bien tardíos que me daban los perversos, para matar mi creatividad- montaba en mi bicicleta vieja china de una sola velocidad, y subía pujando la empinada loma de 27 y K. Y la subía, lenta y fatigada, para lanzarme en vertiginosa bajada hasta llegar a casa, justo a tiempo para prender la radio y sumergirme en mi programa favorito: Esto no tiene nombre.»
Esa confesión selló nuestra amistad, un vínculo que jamás se rompería. Y a partir de ahí, la vida nos regaló momentos que se fueron entrelazando con una fuerza insospechada. Como aquella vez en que lloramos como dos niños, juntos, la muerte de El Sirenito –así le decía él al poeta Sigfredo Ariel- Negados a aceptar la fuga del bardo cómplice, el que había transitado por nuestros territorios sutiles y discretos, por nuestros archivos personales, compartiendo sus dolores y versos.

Hoy, supe que mi buena yunta había partido. De veras, no imaginé este momento.
Ha partido una gloria de la radio cubana. Una voz inolvidable. Una persona estupenda con una genialidad a prueba del tiempo. Y una cultura profunda, diría casi infinita. Pero también un hombre que sabía amar y conocer el hondo sentido de la amistad sincera.
Me susurran que a la entrada del túnel, Lolí, su madre, lo esperó con el pasaje pago. Que el aro luminoso de una nave apareció en el Cielo. Ambos se miraron como quien se da un beso. Ella le dijo: Vamos. Y se llevó en los brazos la melodía que nunca dejará de sonar en el dial de sus escuchas.

Raysa, no
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Saludos, Tania, qué hay de ti. Sí, se fue. No lo esperábamos, con los jodedor que era. Te queremos, Tania, mantente firme. No te mueras.
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Y qué decir de sus entrevistas! Todas formidables por la valentía de sus preguntas de acuerdo con la peligrosidad política del entrevistado. Tiene razón Elizabeth Noriega en decir que era todo un talento artístico, pues manejaba, mejor que muchos con más fama, los hilos del periodismo y la locución radial.
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Cua´n justas tus palabras, Carmenates, Así debemos ser en tod: justos hasta el final. Un abrazo.
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ESTO NO TIENE NOMBRE
La noticia del reciente fallecimiento de Jaime Almirall Suárez me ha hecho regresar a las noches de domingo a finales de la década del ‘70 y durante gran parte de los ‘80, en las que con apuro corría el dial de mi radio VEF del punto en que había logrado sintonizar más temprano la WGBS de Miami hasta donde sabía que sintonizaría ¡Radio Progreso! Para llegar temprano a los tres toques (toc-toc-toc) con que él iniciaba su extraordinario programa Esto no tiene nombre con el cual, lejos de perder calidad en cuanto a la música que se podía escuchar, en comparación con la WGBS, se ganaba, por el amplio diapasón de selección musical con el que Jaime, profundo conocedor del tema, escogía los números musicales de su(s) programa(s) Si a esto se le añadía los comentarios y noticias de todo tipo que, en su magnífica voz, se podían disfrutar, pues, sencillamente Esto no tiene nombre calificaba como el mejor programa de música y variedades que ofrecía no solamente Radio Progreso, sino toda la radiofonía cubana de aquellos tiempos (Dudo que hoy en día haya alguno que pueda rivalizar con el de Almirall)Jaime, desde el título mismo de su programa ya era un elemento discordante con el sistema político y sus controles de los productos artísticos masivos. “Esto no tiene nombre” era y aún es una frase con la que todos en Cuba expresábamos nuestro desacuerdo con las medidas y políticas internas del (des)gobierno de los hermanos Castro. Gracias a Jaime muchos de mi generación que no se atrevían a sintonizar las emisoras de Miami, conocieron de la música de The Beatles, Rolling Stones, Led Zeppelin,etc, que sin estar absolutamente prohibida tampoco estaba absolutamente permitida.
Evocar esos momentos me permite contar esta breve anécdota: como casi todos los jóvenes matrimonios cubanos, nuestra hija de apenas dos años de edad dormía en su cuna en nuestra habitación. Para no despertarla, mi esposa insistía en que mantuviera el volumen del radio lo más bajo posible sin afectar nuestra escucha. Una noche de domingo, casi al finalizar el programa que Jaime había dedicado a Pablito Milanés y después de la solicitud de bajar el volumen, desde la cuna una incipiente vocecilla infantil pidió: chube, papi, chube. No creo que a Jaime le hubiera gustado mucho conocer esta anécdota, pero por si acaso, desde donde esté la puede leer o escuchar, aquí la cuento. Gracias y disculpen mi propia invasión de mi privacidad.
Sin Esto…nombre en la radiofonía nacional, no hubiéramos tampoco tenido una visión no oficial de la real trascendencia de los géneros musicales cubanos: el sucu-sucu, el son, el danzón, el cha-cha-cha, el mambo y, desafiante, la figura artística de Dámaso Pérez Prado y su influencia comercial en el gran Benny Moré; y alguna que otra vez deslizó una que otra interpretación de Olga Guillot, de Rolando Lasserie y en los primeros momentos de su éxito de Gloria Stefan y Miami Sound Machine, inteligentemente arropados por un presunto “error” bajo el manto de la Fania All Star o cualquier otra formación del popular género neoyorkino de la Salsa-rock.¿ Fue Jaime el primero en hacer la disección musical/ideológica de San Silvio Rodríguez? No lo sé; pero sigo creyendo, con él, que nos mentía en todo o en casi todo, porque el corazón que parió la Era ya estaba masivamente infartado. Y aprendiendo por las vías más difíciles, afortunadamente, sí supimos qué hacer con el amor.
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Precioso y justo homenaje, Carmenates, que le has hecho a Jaime Almirall-Suárez. Gracias por tu sentido de justicia y tu sensibilidad para evaluar lo que más vale y brilla.
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Todo un artista de la radio cubana. Un talento indiscutible
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Un artista de la radio cubana. Qué bien lo has calificado, Eli. Un artífice.
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muy linda tu despedida querida Raysa EPD tu amigo Jaime
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Gracias, Alfredito. Menos no se podía.
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