
Esta noche, el Miami Hispanic Cultural Arts Center (Centro de las Artes y la Cultura Hispánicas de Miami) será escenario de una celebración especial por el Día de la Cultura Cubana. Dieciocho personalidades de las artes, la música, la literatura y las artes escénicas recibirán un reconocimiento institucional a sus trayectorias y contribuciones a nuestro patrimonio cultural.
Entre ellas se encuentra quien escribe estas líneas, circunstancia que recibo con exquisito regocijo y una gratitud que no quisiera reducir a unas pocas palabras.
No podré estar presente. La ausencia de un pasaporte me impide viajar, pero tendré el privilegio de que la estatuilla sea recibida en mi nombre por Adriano Nicot, gran amigo y notable artista plástico cubano.
¡Cuánto hubiera querido encontrarme esta noche con mis compañeros de juventud! Aquellos con quienes compartí los primeros sueños, las inquietudes, las ilusiones y las pequeñas grandes batallas de nuestra formación. Algunos permanecen en Cuba; otros viven lejos de Miami, y una inmensa mayoría anda dispersa por los más disímiles e inimaginables escenarios del mundo. Así nos ha repartido la vida. Ojalá muchos puedan asistir. Sería una hermosa manera de reunir, siquiera por unas horas, los fragmentos de una historia compartida.
Este reconocimiento llega por iniciativa de la Fundación APOGEO, institución que ha desarrollado una labor constante y meritoria en la promoción, defensa y enaltecimiento del arte y la cultura cubanos en los Estados Unidos.
Bajo la presidencia del ingeniero civil, escritor y poeta Baltasar Santiago Martín, la Fundación ha sabido convertirse en un espacio de encuentro, respaldo y legitimación para nuestros creadores. Una obra sostenida durante años, con esa perseverancia que exige trabajar por la cultura cuando no siempre abundan los recursos, pero sí las voluntades.
La distinción «Cristo de La Habana» toma su inspiración de la monumental escultura homónima de la artista cubana Jilma Madera, levantada en mármol blanco de Carrara, cuyas 67 piezas fueron talladas en Italia. Erigida frente a la bahía habanera, fue bendecida, en su elaboración, por Su Santidad el papa Pío XII, lo que acrecienta su valor espiritual. Hoy constituye uno de los símbolos más entrañables y reconocibles de nuestra capital.
Hay algo particularmente conmovedor en recibir una distinción que lleva el nombre de esa imagen. El Cristo de La Habana, con su mirada extendida sobre la ciudad y su bahía, ha sido testigo silencioso de generaciones enteras. Allí permanece, mientras los cubanos hemos ido dejando nuestras huellas por el mundo, llevando a cuestas la memoria, la nostalgia y esa indomable vocación de crear que ninguna distancia consigue extinguir.
Dios bendiga esta noche a quienes concibieron este reconocimiento, muy especialmente a Baltasar Santiago Martín, y a los dieciocho creadores que tendremos la gracia de recibirlo.
Que la cultura cubana continúe siendo un territorio de encuentro, incluso allí donde la geografía y las circunstancias nos han separado.
¡Viva Nuestro Señor Jesucristo!
¡Viva Cuba, prontamente libre, y viva su caudalosa, inagotable y universal cultura!

Muchas Felicidades cubana digna!!!
Qué continúe bendiciendo Dios los talentos que te adornan.
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Muchas Felicidades mi querida amiga, por este merecido reconocimiento a tu magnífica obra Literaria,siempre enalteciendo la cultura,el arte y la historia cubana.Que Dios te siga bendiciendo y que permita podamos disfrutar de tus obras por muchos años más.
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